
El Productor Porcino





La Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro) renovó en las últimas horas el reclamo del agro por el fin de las retenciones, apuntando específicamente a la necesidad de eliminarlas de cara a la siembra de trigo.
En línea con otros informes privados que vienen alertando sobre el fuerte aumento de costos que sufre el cereal a raíz de la guerra en Medio Oriente, desde la entidad que integra la Mesa de Enlace aseguran que, en promedio, el costo de producir una hectárea de trigo para el ciclo 2026/27 se encareció en 110 dólares desde el inicio del conflicto bélico.


Tras las intensas lluvias registradas en abril y que han generado graves inundaciones, el Gobierno de Santa Fe informó que en muchas localidades ya se registran valores acumulados de precipitaciones que superan la media anual, afectando principalmente a departamentos como Vera, San Justo, 9 de Julio y General Obligado, y también en el sur provincial.
En este sentido, desde la Secretaría de Recursos Hídricos, a partir del trabajo de los equipos técnicos de la Coordinación de Prevención Hídrica, precisaron que en localidades como Vera y Pintado, Gobernador Crespo y Villa Minetti, se registraron valores de precipitaciones superiores a los 1.100 milímetros (mm) acumulados.

El financiamiento bancario al sector agrícola argentino alcanzó un récord histórico al cierre de 2025, con un stock total de $6 billones, según un informe difundido el 1 de mayo de 2026 por la Bolsa de Comercio de Rosario. El dato cobra relevancia no solo por el volumen -el más alto desde 1992- sino por la composición: el 73% del crédito fue otorgado en dólares, marcando un cambio estructural en el vínculo entre el campo y el sistema financiero, con impacto directo en la rentabilidad y las decisiones productivas.
El 30 de abril de 2026, el Consejo Agroindustrial Argentino firmó un acuerdo con la Secretaría de Agricultura y el SENASA durante su asamblea anual en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires para fortalecer la competitividad del agro argentino, mediante apoyo tecnológico y técnico, en un contexto donde cumplir estándares internacionales resulta clave para sostener las exportaciones.
Continuar leyendo «Acuerdo Agroindustrial: El CAA suma apoyo técnico para fortalecer exportaciones»

La Bolsa de Cereales de Buenos Aires elevó este jueves en 200.000 toneladas la proyección de cosecha de girasol, llevándola a 6,6 millones de toneladas, en el tramo final de la campaña 2026/27. La actualización confirma una tendencia sostenida de mejora en los rindes y consolida un dato clave: la campaña gruesa argentina se encamina a un récord histórico superior a las 160 millones de toneladas, un hito que impacta directamente en la rentabilidad del campo y la cadena de valor agroindustrial.
Girasol en la zona de Carlos Tejedor (Imagen de Dante Garciandia)Una semana es la Bolsa de Comercio de Rosario; la otra, la Secretaría de Agricultura; la siguiente, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.
¿El denominador común? Son las tres entidades que siguen de cerca las estimaciones de cosecha en Argentina y que no paran a cada momento de actualizar sus números, con una curva que va siempre hacia arriba.
Los precios de los granos en Chicago registraron subas moderadas el 1 de mayo de 2026 (Día del Trabajador), impulsados por compras técnicas, demanda de exportación y tensiones geopolíticas, factores clave para productores y mercados agrícolas en América Latina.
El petróleo superó los US$ 126 por barril el 30 de abril de 2026, impulsado por tensiones en Medio Oriente y restricciones en el Estrecho de Ormuz, afectando a inversionistas globales, economías latinoamericanas y sistemas agroindustriales. El dato es relevante porque eleva los costos productivos, presiona el tipo de cambio y altera la competitividad del agro, un sector clave en la generación de divisas y en la balanza comercial de América Latina.
El movimiento del crudo no responde únicamente a factores especulativos, sino a una disrupción concreta en los flujos energéticos globales, lo que cambia el marco macroeconómico. El petróleo vuelve a posicionarse como un determinante central de inflación, tasas de interés y decisiones de inversión, con efectos directos sobre las cadenas productivas vinculadas a alimentos.
En la agroindustria, el impacto es inmediato y transversal. El encarecimiento del transporte, los fertilizantes y la logística de exportación incrementa los costos en toda la cadena, desde la producción primaria hasta la comercialización internacional. Esto repercute en los precios finales y en la capacidad de los países de sostener competitividad en los mercados globales. Según estimaciones de Goldman Sachs, un aumento del 10% en el precio del petróleo puede elevar la inflación regional en aproximadamente 30 puntos básicos, reflejando una transmisión amplia que excede al sector energético y se traslada a alimentos y bienes esenciales.

Este contexto inflacionario se vuelve especialmente desafiante para América Latina, donde la agroindustria depende en gran medida de insumos importados y enfrenta limitaciones estructurales en infraestructura logística. El aumento de costos impacta directamente en los precios de exportación y en los márgenes del sector, condicionando tanto a productores como a exportadores.

El efecto sobre el dólar añade otra capa de complejidad. Si bien el alza del petróleo suele fortalecer la moneda estadounidense, el comportamiento reciente ha sido más moderado. Desde Citi destacan que la debilidad del dólar en el último año ha funcionado como soporte para las monedas latinoamericanas, favorecidas además por el ciclo de precios altos de commodities. Sin embargo, este equilibrio es inestable y depende de la evolución del riesgo global y de los flujos hacia activos refugio.
En este escenario, la región muestra una marcada heterogeneidad. Los países exportadores de petróleo logran capturar mayores ingresos y mejorar sus cuentas externas, mientras que los importadores enfrentan un deterioro en sus términos de intercambio. Esta divergencia impacta en la competitividad de la agroindustria, ya que modifica los costos relativos y las condiciones cambiarias bajo las cuales operan las exportaciones.
A su vez, la persistencia de la inflación limita el margen de acción de los bancos centrales. La Reserva Federal advirtió sobre el riesgo de una inflación más resistente, lo que reduce la probabilidad de recortes de tasas en el corto plazo. Para América Latina, esto implica condiciones financieras más restrictivas, encareciendo el crédito y afectando la inversión en tecnificación, innovación y expansión productiva dentro del sector agroindustrial.
El cambio también se refleja en la forma en que los mercados globales asignan capital. Firmas como BlackRock y Saxo Bank coinciden en que el escenario de desinflación que dominó los últimos años ha perdido vigencia, dando paso a un entorno donde la energía vuelve a ser un eje central. En este nuevo contexto, los inversores priorizan activos vinculados a materias primas y empresas con capacidad de trasladar costos, mientras revalorizan el rol de los mercados emergentes.
Para América Latina, este cambio abre una ventana de oportunidad, pero también exige mayor resiliencia. El sector agroindustrial sigue siendo un pilar estratégico para la región, tanto por su aporte a la seguridad alimentaria global como por su capacidad de generación de divisas, aunque ahora enfrenta un entorno más exigente, con costos elevados y mayor volatilidad.
El petróleo por encima de los US$ 126 no es solo un dato coyuntural, sino un factor que redefine el equilibrio económico. Impacta la inflación, condiciona el dólar, modifica la competitividad del agro y reconfigura las decisiones de inversión, obligando a la región a adaptarse a un escenario global más complejo. América Latina mantiene su protagonismo, pero deberá profundizar su eficiencia, fortalecer su infraestructura y avanzar en innovación para sostener su posición en un mercado cada vez más desafiante.
Los productores de maíz y soja en Estados Unidos están adoptando rápidamente nuevas tecnologías en 2026 ante el aumento de los precios de fertilizantes, con encuestas recientes que muestran que el 48% de los agricultores del Midwest no puede costear insumos tradicionales. Expertos de la Universidad de Illinois y Valent BioSciences señalan que biológicos como los AMF pueden ayudar a sostener los rindes mientras se reduce el uso de fertilizantes, un enfoque que importa especialmente para mercados como América Latina donde la eficiencia en costos es clave.
El 30 de abril de 2026, análisis técnicos relevados por nuestra redacción confirman un punto crítico para el agro: muchos biológicos que funcionan en laboratorio no logran replicar su eficacia en campo, y la clave no está solo en la cepa, sino en la formulación, estabilidad y compatibilidad del producto final. El tema importa porque define el futuro de la protección de cultivos sostenible, donde los bioinsumos buscan escalar sin perder rendimiento.
Continuar leyendo «Microbianos agrícolas: la formulación define su éxito real en campo»

El Gobierno nacional redefinió la Cuota Hilton y puso en marcha nuevos contingentes de exportación agroindustrial el 30 de abril de 2026, a través de las resoluciones 53/2026 y 50/2026 de la Secretaría de Agricultura. La medida alcanza a la exportación de carne bovina premium hacia la Unión Europea y el Reino Unido, un segmento estratégico del agronegocio argentino, y resulta clave por su impacto en la rentabilidad del ganado bovino y el posicionamiento internacional del país.
Continuar leyendo «Carne argentina: cambios en la Cuota Hilton y nuevos cupos con Europa»


Durante el fin de semana largo en Argentina, un sistema frontal avanzará de sur a norte impulsando una masa de aire frío que provocará heladas intensas en la Patagonia y un marcado descenso térmico en el centro del país, mientras las lluvias serán escasas y concentradas en regiones específicas, lo que impacta directamente en la planificación agrícola y la rentabilidad del campo.
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El 30 de abril de 2026, en el sur de la provincia de Buenos Aires, el INTA junto al Ministerio de Desarrollo Agrario presentó la nueva Bonaerense MDA INTA Lola, una variedad de avena de ciclo intermedio desarrollada para potenciar la producción forrajera y mejorar la eficiencia de los sistemas ganaderos, en un contexto donde optimizar recursos y sostener la rentabilidad resulta clave para el campo.