Con la siembra directa dominando el escenario en Argentina, el debate agronómico empieza a mirar más allá de la ausencia de labranza. Diversidad, raíces activas, agua, nutrientes y biología aparecen como las claves para construir sistemas productivos más resilientes y sustentables.

La siembra directa marcó un antes y un después para la agricultura argentina: reducir la remoción del suelo permitió conservar mejor su estructura, disminuir la erosión y transformar la manera de producir en buena parte de la región agrícola.
Pero, 30 años después de aquella transformación, aparece una pregunta inevitable: ¿qué viene después?





















