Es una de las nueve variedades de uva de mesa sin semilla generadas desde el programa de mejoramiento genético del INTA en la región de Cuyo. Por convenio, será aprovechada por una empresa australiana que ya está probando su adaptación a la zona.

En el año 1995, el INTA inició un programa de mejoramiento genético de uva para consumo en fresco, cuyo principal objetivo fue obtener bayas sin semillas que permitieran competir a nivel internacional.
Así, luego de casi 30 años de ensayos a campo y de laboratorio, se inscribieron en el Registro Nacional de Cultivares de Argentina, nueve variedades de uvas sin semilla.






















