Investigadores del INTA determinaron la importancia del girasol perenne como cultivo de forraje, que no solo protege al suelo de la erosión en regiones donde la sequía es una limitante, sino también cuenta con beneficios nutricionales para la ganadería.

Al Silphium integrifolium, cultivo perenne de la familia del girasol(Asteraceae) y originario de las Grandes Llanuras y otras zonas de América del Norte, le apasiona el calor y las temperaturas por encima de los 18 grados, lo que permite que tenga una tasa de crecimiento y de desarrollo óptima.


























