Pasto ovillo: la forrajera que mejora la producción y reduce riesgos

El pasto ovillo gana protagonismo por su calidad forrajera, persistencia y adaptación a distintos ambientes, una ventaja clave para la ganadería.

El pasto ovillo (Dactylis glomerata L.) vuelve a posicionarse como una de las alternativas más valoradas para la implantación de pasturas perennes y de corta rotación en la región pampeana. Su capacidad para asociarse con todas las leguminosas, producir forraje de alta calidad y mantener una buena persistencia en ambientes de fertilidad media lo convierte en una herramienta estratégica para los sistemas ganaderos. En un contexto donde la eficiencia productiva es clave, su utilización cobra cada vez mayor relevancia económica.

Introducido en el país durante la década de 1950 mediante materiales provenientes de Estados Unidos, Dinamarca e Inglaterra, el pasto ovillo fue rápidamente evaluado por las estaciones experimentales del INTA Pergamino e INTA Balcarce, donde demostró un destacado comportamiento productivo. Los ensayos confirmaron su gran capacidad para generar forraje durante primavera, verano y otoño, además de una importante persistencia en ambientes con baja fertilidad y limitada disponibilidad de humedad, características que favorecieron su incorporación en numerosas regiones agrícola-ganaderas.

Su adaptación también permitió expandir su uso hacia zonas donde otras gramíneas presentan dificultades para sostener la producción debido a sequías estivales o elevadas temperaturas. Uno de los principales atributos del pasto ovillo es su excelente calidad nutricional, lo que lo convierte en una alternativa ideal para la alimentación de animales de altos requerimientos, superando en muchos casos los valores nutritivos de especies ampliamente utilizadas como la festuca alta o el agropiro alargado.

Su mayor fortaleza radica en la posibilidad de integrarse prácticamente con todas las leguminosas utilizadas en pasturas, potenciando tanto la productividad como la calidad del recurso forrajero. En mezclas de corta rotación, el pasto ovillo acompaña con muy buenos resultados al trébol rojo y al trébol blanco, especialmente en suelos intermedios con limitaciones por erosión o excesos hídricos, siempre que no presenten problemas de salinidad o inundaciones.

En ambientes de mayor aptitud agrícola también puede asociarse exitosamente con alfalfa y cebadilla criolla, conformando pasturas de elevada producción y estabilidad.

Pese a sus múltiples beneficios, los especialistas advierten que el pasto ovillo también presenta algunos desafíos para lograr un manejo eficiente. Entre sus principales limitantes se destacan su implantación relativamente lenta, la menor tolerancia a pastoreos intensos y muy frecuentes, además de una mayor susceptibilidad a enfermedades foliares, insectos de suelo y períodos prolongados de inundación sobre suelos pesados.

Por ese motivo, la correcta elección del ambiente y un manejo adecuado del pastoreo resultan determinantes para expresar todo su potencial productivo. Las investigaciones desarrolladas en la región pampeana permitieron identificar dos grandes grupos de cultivares, diferenciados por su origen genético.

El primero, proveniente de Europa continental, se caracteriza por su alta resistencia al frío, mayor producción de forraje en primavera y verano, porte erecto y floración temprana. Sin embargo, suele presentar una mayor susceptibilidad a enfermedades foliares durante otoño e invierno. El segundo grupo, originario de regiones mediterráneas de Europa y África, ofrece una mayor producción durante otoño e invierno, elevada densidad de macollos, floración más tardía y una mejor tolerancia frente a infecciones fúngicas.

Actualmente, el mejoramiento genético permitió desarrollar materiales intermedios que combinan características favorables de ambos grupos, ampliando las opciones para cada ambiente productivo. En un escenario donde cada kilo de materia seca producida impacta directamente sobre la rentabilidad de los establecimientos, el pasto ovillo vuelve a consolidarse como una especie estratégica para los sistemas pastoriles argentinos.

Su capacidad para asociarse con distintas leguminosas, producir forraje de excelente calidad y adaptarse a diversos ambientes lo convierten en una herramienta de alto valor para mejorar la productividad, reducir costos de alimentación y aumentar la eficiencia de la ganadería, especialmente en la región pampeana y otras zonas templadas del país.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *