La medida regirá hasta enero de 2027 ante casos detectados en países de la región. Habrá mayor vigilancia sobre aves, productos e importaciones.
El Salvador se encuentra bajo alerta zoosanitaria nacional por Influenza Aviar de Alta Patogenicidad (IAAP) y mantendrá durante seis meses controles reforzados sobre granjas, fronteras e importaciones avícolas, según dispuso el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG). La decisión busca proteger la producción nacional ante la circulación del virus en Centroamérica y el riesgo de que aves silvestres infectadas faciliten su ingreso al territorio salvadoreño.
La medida tiene carácter preventivo. Las autoridades no informaron casos confirmados de gripe aviar dentro de El Salvador, pero consideran que las condiciones epidemiológicas de la región justifican elevar la vigilancia y preparar una respuesta rápida ante cualquier sospecha.

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Uno de los principales motivos de preocupación se encuentra en Honduras, donde las autoridades sanitarias identificaron aves silvestres infectadas en distintos departamentos, incluyendo zonas próximas a la frontera salvadoreña. También existen antecedentes recientes de circulación del virus en otras partes de Centroamérica.
La presencia de la enfermedad en fauna silvestre representa uno de los mayores desafíos para los servicios veterinarios. Las aves migratorias pueden trasladar el virus entre territorios sin respetar fronteras, aumentando la posibilidad de contacto con explotaciones comerciales o aves de traspatio.
Para El Salvador, impedir ese salto resulta fundamental. La influenza aviar altamente patógena puede provocar elevada mortalidad en aves domésticas y fuertes pérdidas económicas si alcanza establecimientos comerciales, además de desencadenar restricciones de movimientos y medidas sanitarias sobre la producción.
Fronteras, aeropuertos y puertos quedan bajo vigilancia reforzada
La declaratoria ordena incrementar los controles en los principales puntos de entrada al país. La vigilancia abarcará fronteras terrestres, puertos marítimos y aeropuertos, con especial atención al movimiento de aves vivas, productos y subproductos de origen aviar.
Las importaciones procedentes de países afectados también estarán sometidas a mayores requisitos sanitarios. El control incluye productos avícolas y material genético, dos vías que requieren documentación y certificaciones que permitan comprobar su condición sanitaria.
Las autoridades podrán decomisar, destruir o devolver al país de origen aves o mercancías que incumplan los requisitos de importación establecidos.
El esquema también involucra directamente a productores, veterinarios, comerciantes y demás actores relacionados con la actividad avícola. Cualquier sospecha compatible con influenza aviar deberá ser comunicada a las autoridades sanitarias para permitir una investigación temprana.
Entre los signos que pueden aparecer en aves afectadas figuran mortalidad repentina, dificultades respiratorias, inflamación de la cabeza, alteraciones nerviosas y digestivas y una caída marcada de la producción.
La rapidez de detección es determinante. Cuanto antes se identifique un posible foco, mayores son las posibilidades de contenerlo antes de que alcance otras explotaciones, especialmente en zonas con alta concentración de aves.
El desafío ahora está dentro de las granjas
El refuerzo fronterizo constituye solamente una parte de la estrategia. La bioseguridad dentro de las explotaciones será decisiva para disminuir la posibilidad de contacto entre aves domésticas y fauna silvestre.
Controlar el ingreso de personas y vehículos, desinfectar instalaciones y equipos, proteger alimentos y fuentes de agua y vigilar aumentos inusuales de mortalidad son medidas que adquieren mayor importancia mientras permanezca vigente la alerta.
El MAG también contempla una campaña nacional de educación sanitaria destinada a productores y población vinculada con las aves, buscando mejorar el reconocimiento de síntomas y fortalecer las medidas preventivas.
El Salvador conserva antecedentes de vigilancia intensiva frente a la influenza aviar y ya había recurrido anteriormente a alertas zoosanitarias ante el avance internacional de la enfermedad. La diferencia ahora es la proximidad de detecciones regionales que mantienen bajo observación a toda la cadena avícola.
El impacto de un eventual brote no se limitaría a las granjas. Una emergencia sanitaria puede afectar el suministro de pollo y huevos, elevar los costos de producción y generar restricciones comerciales, dependiendo de la magnitud y localización de los focos.
Por eso, durante los próximos meses la prioridad será impedir que la circulación regional del virus alcance la producción avícola salvadoreña. La evolución sanitaria de los países vecinos y los resultados de la vigilancia interna determinarán si, una vez cumplido el período establecido, el país puede levantar la alerta o necesita prolongar las medidas.

