Densidad de siembra en soja

La soja es el cultivo estival de mayor difusión en nuestro país. Entre las prácticas de manejo para su mejor resultado, se encuentra la densidad de plantas utilizada que, junto a la elección del genotipo, la fecha de siembra y el distanciamiento entre hileras, conforman la estructura del cultivo, que en un determinado ambiente posibilitará alcanzar un rendimiento objetivo.

En el inicio de su expansión se utilizaban densidades altas, a efectos de mejorar la competencia con las malezas, asegurar un número adecuado de plantas (muchas veces por desconocimiento de la calidad de la semilla utilizada) y mejorar la emergencia en suelos que se encostran después de una lluvia (Baigorri, 1997). Hace diez años atrás, se continuaba utilizando altas densidades atribuido al bajo costo de la semilla, baja calidad de la misma y la inexistencia de pérdidas de rendimiento producto de sembrar densidades altas (Pérez y Usseglio, 2012). Actualmente, se sigue empleando elevada cantidad de semilla, no obstante, en un contexto de aumento de precio y calidad de la misma en los últimos años, existe interés en reducir la cantidad de este insumo en el momento de la siembra. Para las diferentes zonas del país, la densidad de plantas óptima en soja se encontraba entre 24 y 36 plantas m-2 (Baigorri, 1997). Sin embargo, éstas fueron determinadas para cultivares con características diferentes a los actuales, tanto por el grupo de madurez como así también por el hábito de crecimiento, además de la incorporación de tecnologías de nutrición y protección del cultivo (Girón, et al., 2018). El objetivo de este ensayo fue evaluar el comportamiento productivo de soja de grupo de madurez III largo ante diferentes densidades de siembra.

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