La «transformación» del Instituto Nacional de Vitivinicultura, que también perdió su autarquía, llevó a que representantes del mismo alzaran la voz, subrayando que se pueden afectar las funciones de fiscalización de la cadena productiva del vino.

La esquina de la avenida San Martín y Virgen del Carmen, en la ciudad de Mendoza, donde se sitúa la sede central del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), reunió en la jornada del viernes a decenas de trabajadores del organismo que decidieron romper el silencio que había sido impuesto por la Secretaría de Agricultura y acatado por Carlos Tizio -director del INV- para alertar acerca de las complicaciones que podría traer para la industria del vino los cambios que impuso el Decreto 462/2025.






















