Mercados emergentes resisten la guerra en Irán y abren oportunidades para América Latina

La tensión en Medio Oriente no frena a los emergentes. América Latina se posiciona como destino clave de capitales con foco en utilidades y commodities.

El 15 de abril de 2026, en medio de la escalada del conflicto en Medio Oriente, los mercados emergentes mantuvieron su atractivo para los inversores globales, con América Latina destacándose como uno de los principales destinos de capital. La clave radica en que, pese a la volatilidad generada por la guerra en Irán y la suba del petróleo, el crecimiento de utilidades y la demanda de commodities sostienen el interés por la región, un factor central para el desempeño del comercio agrícola latinoamericano.

El escenario internacional combina tensión geopolítica con cambios en los flujos comerciales y financieros. El petróleo acumula un alza cercana al 77% en lo que va del año, impactando sobre la inflación global y las tasas de interés, pero sin alterar de forma estructural la tesis de inversión en emergentes. La rotación de capitales hacia estos mercados entra en una fase más selectiva, donde los fundamentos macroeconómicos y corporativos adquieren mayor relevancia.

En este contexto, América Latina refuerza su rol dentro de las cadenas de valor agroalimentarias, apalancada por su condición de exportadora de alimentos y materias primas. La región cerró 2025 con retornos cercanos al 46% y acumula más de 14% en 2026, con proyecciones que continúan siendo superiores a las de economías desarrolladas. Este desempeño no solo refleja el dinamismo financiero, sino también el posicionamiento estratégico del agro en la seguridad alimentaria global.

Billetes de dólares estadounidenses en la casa de cambio Ninja Money Exchange, operada por Interbank HD, en el distrito de Shinjuku,
Billetes de dólares estadounidenses en la casa de cambio Ninja Money Exchange, operada por Interbank HD, en el distrito de Shinjuku,

El cambio de ciclo es claro. A diferencia de etapas anteriores, el crecimiento de utilidades pasa a ser el principal motor de los mercados emergentes, desplazando la expansión de múltiplos. Esto tiene implicancias directas para el sector agroindustrial, donde la eficiencia productiva, la tecnificación y la trazabilidad ganan peso en la competitividad internacional. En paralelo, la suba de commodities como el cobre y el oro refuerza a economías andinas, mientras que los productos agrícolas continúan sosteniendo la balanza comercial regional.

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Sin embargo, persisten desafíos estructurales que condicionan el potencial del comercio agroexportador. Las barreras no arancelarias, las exigencias en normas fitosanitarias y las limitaciones en infraestructura logística siguen siendo factores críticos. La mejora en la infraestructura portuaria y vial, junto con avances en integración regional a través de bloques como MERCOSUR o la Alianza del Pacífico, resulta clave para reducir costos y mejorar el acceso a mercados.

A nivel global, los flujos hacia mercados emergentes aún muestran margen de expansión. Actualmente, solo el 5,2% de los activos globales en renta variable está asignado a estos mercados, por debajo del promedio histórico. Esta brecha abre la puerta a una segunda ola de ingresos de capital, que podría traducirse en mayores inversiones en sectores estratégicos, incluido el agro.

En ese escenario, América Latina podría captar una porción significativa de esos flujos, impulsada por su ventaja comparativa en producción de alimentos y recursos naturales. Los países andinos, en particular, ya muestran señales de este proceso con ingresos de capital superiores a sus promedios históricos, en un contexto donde la exposición a commodities y la disciplina macroeconómica juegan a favor.

El nuevo entorno global también introduce matices. El encarecimiento energético y la volatilidad financiera pueden presionar los costos productivos y logísticos, afectando la rentabilidad del sector agropecuario. Al mismo tiempo, la variabilidad climática y las exigencias en sustentabilidad obligan a acelerar la adopción de tecnologías y prácticas más eficientes.

 

Aun así, la combinación de demanda global de alimentos, precios firmes de commodities y mayor selectividad en las inversiones posiciona al agro latinoamericano en un lugar estratégico. La región no solo se beneficia de un contexto internacional que busca diversificar riesgos, sino que también se consolida como proveedor confiable en un sistema alimentario cada vez más exigente.

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