Girasol impulsa boom productivo récord y el campo redobla presión por una baja de impuestos

El girasol crece con fuerza en plena campaña 2026 y el sector advierte que menos presión fiscal será clave para sostener el salto productivo y exportador.

El girasol crece con fuerza en plena campaña 2026 y el sector advierte que menos presión fiscal será clave para sostener el salto productivo y exportador.

El girasol atraviesa un momento clave: este 16 de abril de 2026, durante el Congreso de Asagir en Mar del Plata, su presidente Juan Martín Salas Oyarzun confirmó que la producción creció un 94% respecto de la campaña 2021/22, un salto que impacta de lleno en el campo, la generación de divisas y la competitividad del cultivo.

El dato no es menor. La actual campaña proyecta unas 7 millones de toneladas, con posibilidades concretas de escalar a 9,5 millones si se consolidan condiciones económicas más favorables. En este escenario, el girasol gana protagonismo dentro de la rotación agrícola, aportando rentabilidad, estabilidad y diversificación en la producción de granos.

Uno de los ejes que explican este crecimiento es la mejora en la eficiencia productiva. Según el sector, se alcanzó un volumen similar al récord histórico de fines de los 90 pero con 1,3 millones de hectáreas menos, reflejando avances en tecnificación y manejo agronómico.

Este proceso está ligado a la adopción de siembra directa, mejores híbridos, manejo de insumos y buenas prácticas agrícolas (BPA), lo que permite optimizar rindes y reducir costos. A su vez, implica un mayor valor agregado en origen, clave para fortalecer la cadena de valor y los agronegocios.

En paralelo, la industrialización también acompaña: las exportaciones de aceite y subproductos crecieron cerca de un 50% en 2025, consolidando al cultivo como generador de divisas en un contexto de alta demanda global.

Presión impositiva y reclamo del sector

En medio de este escenario expansivo, el mensaje del sector fue contundente: sin una baja de impuestos, el crecimiento podría frenarse. Actualmente, el girasol tributa retenciones del 4,5%, además de una elevada carga a nivel provincial y municipal.

Desde Asagir remarcan que la reducción de impuestos distorsivos como retenciones, ingresos brutos y tasas locales es clave para mejorar la competitividad y sostener la inversión.

El argumento es claro: cuando se reducen las trabas regulatorias, aumentan la producción, la inversión y la generación de empleo, un fenómeno que ya se refleja en el crecimiento reciente del cultivo.

Más rindes, innovación y brechas productivas

El avance del girasol también se explica por la innovación. En las últimas campañas se observaron mejoras en los rindes tanto en kilos como en contenido de materia grasa por hectárea, impulsadas por genética y tecnología.

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El trabajo en investigación y desarrollo, junto con el rol de técnicos y asesores, permite seguir elevando los techos productivos. Sin embargo, el propio sector reconoce que aún existen brechas entre los rindes potenciales y los obtenidos en el campo, lo que abre margen para seguir creciendo.

El escenario internacional juega a favor. India se consolida como principal importador, mientras que la demanda global de aceites vegetales sostiene precios y oportunidades comerciales.

Al mismo tiempo, el crecimiento productivo plantea nuevos desafíos. La infraestructura vial, logística y portuaria aparece como un punto crítico, especialmente ante una mayor escala de producción.

 

El desarrollo del cultivo exige mejoras en transporte y almacenamiento, así como mayor articulación público-privada para sostener la expansión.

El girasol atraviesa un momento clave: este 16 de abril de 2026, durante el Congreso de Asagir en Mar del Plata, su presidente Juan Martín Salas Oyarzun confirmó que la producción creció un 94% respecto de la campaña 2021/22, un salto que impacta de lleno en el campo, la generación de divisas y la competitividad del cultivo.

El dato no es menor. La actual campaña proyecta unas 7 millones de toneladas, con posibilidades concretas de escalar a 9,5 millones si se consolidan condiciones económicas más favorables. En este escenario, el girasol gana protagonismo dentro de la rotación agrícola, aportando rentabilidad, estabilidad y diversificación en la producción de granos.

Uno de los ejes que explican este crecimiento es la mejora en la eficiencia productiva. Según el sector, se alcanzó un volumen similar al récord histórico de fines de los 90 pero con 1,3 millones de hectáreas menos, reflejando avances en tecnificación y manejo agronómico.

Este proceso está ligado a la adopción de siembra directa, mejores híbridos, manejo de insumos y buenas prácticas agrícolas (BPA), lo que permite optimizar rindes y reducir costos. A su vez, implica un mayor valor agregado en origen, clave para fortalecer la cadena de valor y los agronegocios.

En paralelo, la industrialización también acompaña: las exportaciones de aceite y subproductos crecieron cerca de un 50% en 2025, consolidando al cultivo como generador de divisas en un contexto de alta demanda global.

Presión impositiva y reclamo del sector

En medio de este escenario expansivo, el mensaje del sector fue contundente: sin una baja de impuestos, el crecimiento podría frenarse. Actualmente, el girasol tributa retenciones del 4,5%, además de una elevada carga a nivel provincial y municipal.

Desde Asagir remarcan que la reducción de impuestos distorsivos como retenciones, ingresos brutos y tasas locales es clave para mejorar la competitividad y sostener la inversión.

El argumento es claro: cuando se reducen las trabas regulatorias, aumentan la producción, la inversión y la generación de empleo, un fenómeno que ya se refleja en el crecimiento reciente del cultivo.

Más rindes, innovación y brechas productivas

El avance del girasol también se explica por la innovación. En las últimas campañas se observaron mejoras en los rindes tanto en kilos como en contenido de materia grasa por hectárea, impulsadas por genética y tecnología.

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El escenario internacional juega a favor. India se consolida como principal importador, mientras que la demanda global de aceites vegetales sostiene precios y oportunidades comerciales.

Al mismo tiempo, el crecimiento productivo plantea nuevos desafíos. La infraestructura vial, logística y portuaria aparece como un punto crítico, especialmente ante una mayor escala de producción.

 

El desarrollo del cultivo exige mejoras en transporte y almacenamiento, así como mayor articulación público-privada para sostener la expansión.

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