El escarabajo verde-amarillo se expande en la región y genera preocupación por su impacto en cultivos clave y su difícil control.
El avance del escarabajo verde-amarillo (Diabrotica speciosa) se consolida como una de las principales amenazas sanitarias para los cultivos en América del Sur. Presente en países como Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, esta plaga mantiene actividad durante todo el año y genera pérdidas productivas en sistemas agrícolas clave, lo que obliga a los productores a reforzar estrategias de monitoreo y control.
Este insecto, perteneciente a la familia Chrysomelidae, se caracteriza por su comportamiento fitófago, es decir, se alimenta directamente de las plantas. Su amplia distribución regional y su capacidad de adaptación le permiten afectar una gran diversidad de cultivos, entre ellos soja, maíz, papa, tomate, frijoles y cucurbitáceas, comprometiendo tanto la productividad como la calidad.
Un ciclo que complica el control en toda la región
Uno de los mayores desafíos que plantea esta plaga en Sudamérica es su doble forma de ataque, que dificulta su manejo. En su etapa larvaria, el insecto se desarrolla bajo tierra, donde se alimenta de las raíces, afectando la absorción de agua y nutrientes. Este daño inicial suele pasar desapercibido, pero impacta directamente en el desarrollo del cultivo.

Biológicos agrícolas: desconfianza y resultados inconsistentes frenan su adopción masiva

En su fase adulta, el escarabajo emerge y se instala en la parte aérea, donde raspa hojas y puede atacar flores y frutos, profundizando el deterioro. Esta dinámica, que combina daño subterráneo y aéreo, obliga a los productores a implementar controles más complejos y coordinados.
Los síntomas más frecuentes incluyen plantas debilitadas, hojas con manchas, menor vigor y caída del rendimiento, además de una mayor predisposición a enfermedades, lo que amplifica el impacto económico en el campo.
Estrategias de manejo para contener su avance
Dado que el escarabajo verde-amarillo tiene presencia constante en la región, su control requiere un enfoque continuo e integrado. Las estrategias más utilizadas incluyen la aplicación de insecticidas, el uso de control biológico con organismos que atacan huevos y larvas, y prácticas agronómicas como la rotación de cultivos, que permite interrumpir su ciclo.

En países como Brasil, donde la presión de esta plaga es más intensa, los sistemas productivos ya incorporan esquemas de monitoreo permanente, una tendencia que se replica en otros mercados de la región.
El desafío para los productores sudamericanos no solo es controlar la plaga, sino hacerlo de manera eficiente. Sin un manejo adecuado, el escarabajo verde-amarillo puede comprometer seriamente los rindes y elevar los costos de producción, en un escenario donde la sanidad vegetal se vuelve cada vez más determinante para la rentabilidad agrícola.

