Actualidad Mercados Agricultura Clima Ganadería Maquinaria Agrolatam Agricultura Biodiversidad Agricultura Lunes, 27 de abril de 2026 Semillas nativas impulsan resiliencia productiva en el norte argentino

Un proyecto internacional fortalece semillas criollas y la biodiversidad en el campo, con productores que lideran la innovación genética participativa.

En Jujuy y Misiones, desde fines de 2025, unos 1.200 productores agropecuarios participan del proyecto Raíces, una iniciativa internacional financiada por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) con apoyo de la Unión Europea. El programa busca rescatar y mejorar semillas criollas y nativas, un aspecto clave para la diversidad genética, la seguridad alimentaria y la sustentabilidad del agro argentino.

La homogeneización de cultivos y la presión del cambio climático, el proyecto Raíces -ejecutado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura y con liderazgo técnico de Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria- propone revalorizar el conocimiento ancestral y fortalecer la resiliencia productiva.

Semillas nativas impulsan resiliencia productiva en el norte argentino

En la Argentina, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria coordina las acciones, articulando con productores, cooperativas y comunidades indígenas. La iniciativa pone en el centro a la diversidad genética como herramienta frente a la variabilidad climática y los desafíos sanitarios que afectan al rinde y la estabilidad de la producción.

El proyecto alcanza a 1.200 productores en el norte argentino, con fuerte participación de mujeres y jóvenes. En Jujuy, más del 95 % pertenece a pueblos originarios, mientras que en Misiones destacan comunidades Mbya Guaraní.

Se trabajan cultivos estratégicos como maíz, papas andinas, quinua, porotos, arroz y maní, fundamentales para economías regionales y sistemas de producción diversificados con bajo uso de insumos externos.

Factores determinantes: clima, mercado y cultura

La pérdida de biodiversidad agrícola es una amenaza directa para la rentabilidad y la sustentabilidad del agro. Factores como el cambio climático, la presión de plagas y la volatilidad del precio de los granos refuerzan la necesidad de sistemas más resilientes.

Suelos vivos impulsan la rentabilidad agrícola y transforman el modelo productivo

Las semillas criollas, adaptadas durante generaciones, ofrecen mayor estabilidad productiva, reduciendo la dependencia de agroquímicos y fortaleciendo la trazabilidad en la cadena de valor.

El proyecto impulsa herramientas como el Mejoramiento Genético Participativo y el Fitomejoramiento Evolutivo, donde productores y técnicos trabajan en conjunto.

Este enfoque permite que la innovación ocurra directamente en el campo, integrando saber técnico y conocimiento tradicional. Además, se promueve la agricultura regenerativa y el uso de bioinsumos, alineados con las buenas prácticas agrícolas (BPA).

En Misiones, las «casas de semillas» son pilares del sistema. Allí se conservan, clasifican e intercambian variedades locales, fortaleciendo el asociativismo y la autonomía productiva.

Cada semilla es también conocimiento, transmitido de generación en generación, que aporta valor agregado y sostenibilidad a los agronegocios familiares.

Semillas nativas impulsan resiliencia productiva en el norte argentino

En Jujuy, desde la Puna hasta los valles templados, el rescate de variedades andinas impulsa también el agregado de valor, con emprendimientos liderados por mujeres que procesan papas nativas.

La diversidad genética actúa como un «seguro biológico», aumentando la capacidad de adaptación frente a eventos extremos y mejorando la estabilidad del rinde.

El principal desafío es escalar estas experiencias sin perder identidad local, integrando innovación, financiamiento y políticas públicas que acompañen.

Sin embargo, el potencial es enorme: mercados diferenciados, alimentos más saludables y sistemas productivos más resilientes posicionan a la Argentina en un camino hacia la sustentabilidad.

El proyecto Raíces demuestra que la innovación no siempre implica tecnología de punta, sino también recuperar saberes ancestrales y adaptarlos a los desafíos actuales del campo.

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