En una nueva edición del Mundial de Caballos Criollos, la genética de la raza gana protagonismo como una oportunidad comercial hacia nuevos mercados
La Rural del Prado, en Montevideo, fue la sede de una nueva edición de la Expo FICCC 2026, el Mundial del Caballo Criollo que reúne a los principales exponentes de la raza de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. La competencia, que se realiza cada tres años y va rotando de sede entre los distintos países, combina pruebas funcionales, deportivas y morfológicas, mientras también se consolida como un espacio de intercambio genético y comercial para los criadores.
En diálogo con el streaming La Posta, de Agrofy News, Claudio Dowdall, presidente de la Asociación de Criadores de Caballos Criollos, destacó la presencia de la delegación argentina en las disciplinas disputadas.

“Pasó la Felipe Z que la ganó Argentina y el podio de los cuatro caballos fueron integrados por la Argentina”, señaló. Además, agregó que en la paleteada argentina “el primero, segundo fue argentino, el tercero uruguayo y el cuarto argentino”.

Dowdall remarcó que el caballo criollo fue ampliando su protagonismo más allá del trabajo rural tradicional. “El criollo fue ocupando distintos momentos de la historia. Fue el caballo que en su momento se usó en los ejércitos, después se usó y se sigue usando en todo lo que es el trabajo”, explicó.
En ese sentido, destacó el crecimiento de las disciplinas vinculadas al deporte y el tiempo libre. “Tenés varias disciplinas donde hay un abanico, desde entretenimiento hasta altísimo nivel como puede ser la Felipe Z o el freno de oro, que es adiestramiento de alta escuela de equitación”, indicó.
La genética y la logística, dos ejes centrales
Uno de los puntos centrales del Mundial pasa por el intercambio genético entre los distintos países criadores. Según explicó Dowdall, hoy existe un “continuo traspaso genético de fronteras permanente” entre Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.
“Hoy tenemos caballos de origen argentino en Brasil, de origen brasilero en Argentina o uruguayo. Más que países, son distintas líneas de sangre que generan distintos tipos de caballos”, afirmó.
El dirigente remarcó además que las pruebas morfológicas representan “la base de todo lo que es la genética” y recordó que las asociaciones de criadores llevan más de 100 años trabajando en la selección de la raza. “Fuimos tratando de seleccionar el caballo oriundo que se crió acá en la naturaleza de Sudamérica para reflotar y tener las características que hacen del criollo: mansedumbre, docilidad, inteligencia y resistencia”, sostuvo.

La presencia de criadores y asociaciones extranjeras también abre oportunidades comerciales para la raza. “Vino gente de Estados Unidos, de Nueva Zelanda, de Australia, que ya empiezan a ver al caballo criollo como una alternativa para esto del tiempo libre”, comentó Dowdall. Según explicó, el interés está puesto en un caballo “de fácil mantenimiento, muy rústico y de sanidad muy económica”.
Otro de los desafíos de la competencia fue la logística para trasladar los 66 caballos argentinos hacia Uruguay. Dowdall destacó el trabajo conjunto entre el SENASA, las autoridades de aduana argentinas, los organismos sanitarios uruguayos y la asociación de criadores.

“Tardamos 20 minutos en la aduana argentina y 30 minutos en la uruguaya. Eso es muy importante para no generar tanto estrés y para que los animales lleguen lo más rápido posible para su recuperación y poder competir”, afirmó.
Como conlcusión, Claudio Dowdall destacó lo gratificante que es representar al caballo criollo, «es el caballo argentino, marca país». «En el mundo empiezan a ver al caballo criollo para el tiempo libre, como una opción», agregó.
«Y a todos los invitamos a subirse a un criollo que no se bajan más», cerró.

