Entre Ríos en alerta: el arroz ya no cubre los costos y peligra la próxima siembra

El aumento del gasoil, la falta de crédito y un precio del arroz que no acompaña dejan a productores entrerrianos con márgenes negativos y dudas sobre la próxima campaña.

La producción de arroz en Entre Ríos enfrenta uno de los escenarios económicos más complejos de los últimos años. El fuerte incremento del precio del gasoil durante la campaña 2025/26, combinado con la falta de financiamiento y un valor del grano prácticamente sin cambios respecto del año pasado, dejó a numerosos productores con márgenes negativos. En San Salvador, uno de los principales polos arroceros del país, referentes del sector advierten que muchos establecimientos podrían no volver a sembrar si no aparecen herramientas financieras que permitan afrontar el próximo ciclo productivo.

La preocupación no se limita a la rentabilidad de una campaña. Entre Ríos concentra la mayor parte de la producción arrocera argentina y cualquier reducción del área sembrada podría impactar sobre toda la cadena, desde la actividad industrial hasta las exportaciones. El problema se presenta, además, en un contexto de menor dinamismo del comercio exterior: entre enero y mayo de 2026, las exportaciones del complejo arrocero registraron una caída del 19%, reduciendo una fuente clave de ingresos para una economía regional que depende en gran medida de la estabilidad de los mercados.

El arroz es uno de los cultivos más sensibles al precio del gasoil

La campaña comenzó con proyecciones muy diferentes a la realidad que finalmente enfrentaron los productores. Los cálculos iniciales contemplaban un gasoil cercano a $1.600 por litro, pero cuando llegó el momento de cosechar y cancelar compromisos comerciales, el combustible ya rondaba los $2.400. Esa diferencia modificó completamente la estructura de costos y dejó sin margen a explotaciones que ya trabajaban con rentabilidades ajustadas.

El arroz posee una característica que amplifica ese impacto. En la región de San Salvador la producción se desarrolla mediante riego con pozos profundos y los lotes permanecen inundados durante aproximadamente 100 días, lo que exige un elevado consumo energético. Cada hectárea demanda entre 400 y 600 litros de gasoil, por lo que cualquier variación del combustible repercute de forma inmediata sobre el costo final del cultivo. Lo que históricamente representaba uno de los principales insumos pasó a convertirse en el factor que explica gran parte del deterioro económico de la actividad.

Los ingresos quedaron muy por detrás del aumento de los costos

Según explicó Luciano Challio, productor arrocero y presidente de la filial San Salvador de la Federación Agraria Argentina, el gasoil pasó de representar alrededor del 32% del costo de producción a concentrar cerca del 54%. Sin embargo, el precio recibido por el productor prácticamente no acompañó esa evolución. Actualmente el arroz cáscara se comercializa entre $250 y $270 por kilogramo, valores similares a los registrados durante la campaña anterior pese al fuerte incremento que experimentaron los costos de producción.

Como consecuencia, los números dejaron de cerrar para gran parte de los establecimientos. Para cubrir todos los costos de implantación, manejo y cosecha sería necesario obtener entre 12.000 y 12.500 kilos por hectárea, mientras que el rendimiento promedio de la zona ronda los 8.500 kilos. Esa diferencia refleja una brecha difícil de compensar incluso en establecimientos con altos niveles tecnológicos, ya que responde principalmente al incremento de los costos y no a una caída extraordinaria de la productividad.

El crédito aparece como la principal demanda del sector

A la pérdida de rentabilidad se suma otra limitante que preocupa a los productores: la ausencia de financiamiento. Implantar una hectárea de arroz requiere actualmente una inversión cercana a US$2.300, una cifra que muchos establecimientos no pueden afrontar con recursos propios después de una campaña con resultados negativos. Desde la Federación Agraria Argentina realizaron gestiones ante el área de Economías Regionales de la Nación y el Banco Nación para acceder a líneas de crédito destinadas al capital de trabajo, aunque hasta el momento no obtuvieron respuestas concretas.

Los productores sostienen que el mercado podría mostrar una recuperación durante la próxima campaña y consideran que existe potencial para recomponer la actividad si mejoran las condiciones comerciales. Sin embargo, advierten que sin acceso al crédito será muy difícil sostener el nivel de siembra actual. Para una economía regional donde el arroz genera empleo, movimiento industrial y actividad exportadora, la disponibilidad de herramientas financieras será determinante para evitar una reducción del área cultivada y preservar una producción que representa uno de los pilares agrícolas de Entre Ríos.

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