Nuevos modelos climáticos elevan el riesgo de un Super El Niño histórico, con impactos potenciales sobre producción agrícola, precios y comercio mundial.
Los principales organismos climáticos internacionales confirmaron este 20 de julio que el fenómeno El Niño 2026/2027 podría convertirse en el más intenso desde que existen registros, con anomalías térmicas superiores a los 3 °C en el Pacífico ecuatorial. El nuevo pronóstico del Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI) de la Universidad de Columbia, respaldado por datos de NOAA y el Centro Europeo de Predicción (ECMWF), incrementa la preocupación global debido a las posibles consecuencias sobre la producción agropecuaria, los precios de los alimentos y los flujos comerciales internacionales.
La actualización de los modelos climáticos llega luego de que el océano Pacífico registrara temperaturas récord para esta época del año, un comportamiento considerado excepcional por la comunidad científica. Según el Centro de Predicción Climática de la NOAA, la región Niño 3.4 mostró anomalías de +2,1 °C durante dos semanas consecutivas, un nivel característico de episodios muy intensos. Al mismo tiempo, las aguas subsuperficiales presentan una enorme «burbuja cálida» con anomalías superiores a los 6 °C, señal que suele anticipar un fortalecimiento adicional del fenómeno en los próximos meses.

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Impacto económico: el agro mundial frente a un escenario de alta volatilidad
El eventual desarrollo de un Super El Niño histórico tiene implicancias directas sobre las cadenas de valor agroalimentarias y el comercio agrícola internacional. América Latina, uno de los principales proveedores mundiales de soja, maíz, café, azúcar, frutas y proteínas animales, podría enfrentar escenarios climáticos extremos, con excesos hídricos en algunas regiones y severos déficits de lluvias en otras. Esta variabilidad climática amenaza rendimientos, modifica estrategias de siembra y genera incertidumbre en los mercados de commodities agrícolas.

Los antecedentes de los eventos de 1982, 1997 y 2015 muestran que episodios de esta magnitud suelen provocar fuertes alteraciones en los precios FOB y CIF de productos agroalimentarios, tensiones logísticas y cambios en los flujos comerciales. Además, un evento récord podría impactar sobre la inflación alimentaria global y elevar los costos de importación para numerosos países dependientes del abastecimiento externo.
Las nuevas simulaciones del IRI proyectan que el pico del fenómeno se produciría entre octubre y diciembre, con anomalías cercanas a 3,1 °C, mientras que el conjunto multimodelo del Servicio de Cambio Climático de Copernicus incluso eleva ese escenario hasta 3,5 °C hacia diciembre. La coincidencia entre distintos centros de pronóstico incrementa significativamente la confianza en las proyecciones y fortalece la hipótesis de que el mundo podría enfrentarse a un evento climático sin precedentes.
Para América Latina, la posibilidad de un Super El Niño reabre el debate sobre la necesidad de avanzar en estrategias de resiliencia climática, tecnificación, agricultura digital y diversificación de mercados, elementos cada vez más determinantes para sostener la competitividad agroexportadora. Organismos multilaterales como la FAO, el BID y el IICA vienen advirtiendo sobre la importancia de fortalecer la infraestructura, la gestión del riesgo climático y la sustentabilidad de los sistemas productivos frente a fenómenos extremos cada vez más frecuentes.

La evolución de las temperaturas del Pacífico durante las próximas semanas será seguida con atención por gobiernos, productores, operadores de mercados y organismos internacionales. Si las actuales proyecciones se consolidan, el Super El Niño 2026/2027 podría convertirse no solo en un récord climático, sino también en uno de los mayores desafíos económicos y agroalimentarios de las últimas décadas.

