Mientras la agricultura avanzó sobre las mejores tierras, una gramínea rústica emerge como alternativa clave para sostener la ganadería en suelos salinos y bajos productivos.
La expansión agrícola registrada en las últimas décadas en la región pampeana desplazó a la actividad ganadera hacia ambientes de menor aptitud productiva, generando la necesidad de encontrar especies forrajeras capaces de sostener la producción en esos suelos. En este contexto, especialistas destacan el creciente papel del agropiro alargado (Thinopyrum ponticum), una gramínea templada perenne que se adapta a condiciones restrictivas y que hoy aparece como una herramienta clave para mejorar la rentabilidad de establecimientos ubicados en campos bajos, salinos o con problemas de drenaje. El tema cobra relevancia porque permite recuperar productividad en áreas que históricamente mostraron limitaciones para la producción de carne.
El ingeniero agrónomo Óscar Bertín señaló que esta especie logró una amplia difusión en la provincia de Buenos Aires debido a su rusticidad, resistencia a las sequías y elevada adaptación a suelos hidromórficos y salinosódicos. Además, en los últimos años se intensificaron los trabajos de mejoramiento genético, lo que permitió ampliar la oferta de cultivares fiscalizados y mejorar su desempeño productivo. En un escenario donde la ganadería busca mayor eficiencia y estabilidad frente a eventos climáticos extremos, el agropiro aparece como una opción capaz de aportar persistencia y una mejor distribución de la oferta forrajera a lo largo del año.
Más producción en campos marginales y menor dependencia de los pastizales naturales
Uno de los principales atributos de esta gramínea es su capacidad para formar una cobertura vegetal permanente que reduce la evaporación y limita la acumulación de sales en superficie. Esta característica resulta determinante en ambientes con pH elevados y problemas de sodicidad, donde la compactación del suelo dificulta la germinación y el desarrollo radicular de otras especies. Además, se trata de ambientes generalmente deficientes en fósforo y nitrógeno, nutrientes cuya incorporación genera una rápida respuesta en la producción de materia seca del agropiro.

La revolución invisible del agro: las hormonas vegetales que elevan los rindes
Si bien la especie presenta un establecimiento inicial lento, posteriormente puede conformar matas densas o mantener un hábito cespitoso, acumulando una cantidad importante de forraje. En zonas subhúmedas suele asociarse con alfalfa en suelos altos, mientras que en cañadas y bajos se combina con lotus tenuis o tréboles de olor, ampliando las posibilidades de manejo. Según los datos presentados por Bertín, el agropiro produce alrededor de 5,2 toneladas de materia seca por hectárea sin fertilización nitrogenada, superando claramente a los pastizales naturales y pasturas degradadas, que rondan las 3,6 toneladas.
Otro aspecto que suele generar debate es su calidad nutricional. Sin embargo, especialistas remarcan que el problema se vincula más al manejo que a la especie en sí. Mediciones realizadas hacia fines del invierno muestran niveles de digestibilidad de entre 75 y 78%, mientras que en primavera se mantienen en torno al 71%. Los valores más bajos aparecen cuando las pasturas son subutilizadas o se destinan al diferimiento, acumulando material muerto en pie. Un manejo adecuado del pastoreo permite sostener niveles de calidad compatibles con sistemas ganaderos eficientes, transformando al agropiro en una herramienta estratégica para recuperar productividad en los suelos de menor capacidad de uso de la región pampeana.

