Un estudio derriba un histórico paradigma del campo: el barbecho pierde hasta 409 mm de agua

Una investigación basada en 63 sitios experimentales en la Argentina reveló que el manejo tradicional del barbecho sería menos eficiente que los cultivos de servicios para aprovechar el agua.

Un estudio científico publicado en la revista internacional Field Crops Research y presentado este 21 de julio, basado en información de la Red de Cultivos de Servicios de Aapresid, concluyó que el tradicional barbecho largo no sería la mejor estrategia para conservar agua en el perfil del suelo. La investigación, realizada por especialistas del IFEVA, la Fauba, la UNR y la Universidad de Wisconsin-Madison, analizó datos de 63 sitios experimentales en cinco regiones agroclimáticas argentinas entre 2018 y 2023 y determinó que durante el barbecho se perdieron entre 271 y 409 milímetros de agua por evaporación y percolación profunda. El hallazgo tiene fuerte impacto económico porque cuestiona una práctica central en la agricultura argentina y podría modificar futuras decisiones de manejo en millones de hectáreas.

Durante décadas, el barbecho fue considerado una herramienta estratégica para «guardar» humedad destinada a los cultivos estivales, especialmente en sistemas de producción de soja y maíz. Sin embargo, los resultados del trabajo muestran que una parte significativa de las precipitaciones invernales se pierde sin generar ningún beneficio productivo. Según los investigadores, el suelo opera de manera ineficiente bajo este esquema, ya que el agua se evapora o se infiltra más allá del alcance de las raíces. En un contexto marcado por la creciente variabilidad climática y la necesidad de mejorar la eficiencia en el uso de los recursos, el estudio abre un profundo debate sobre los modelos de producción predominantes en la región.

El trabajo comparó el barbecho tradicional con distintas estrategias de cultivos de servicios (CS), incluyendo gramíneas, leguminosas, crucíferas y mezclas. Aunque estos cultivos consumieron en promedio un 25% más de agua durante su crecimiento, al momento de la siembra del cultivo de verano la disponibilidad hídrica resultó similar en la mayoría de las regiones analizadas. El dato sorprendió a los especialistas porque demuestra que las lluvias posteriores a la terminación del cultivo de servicio son determinantes para recomponer el perfil y reducir las diferencias entre ambos sistemas.

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Además, los investigadores destacaron que los cultivos de servicios convierten las pérdidas pasivas de agua en transpiración productiva, generando beneficios adicionales como mejoras en la estructura del suelo, mayor infiltración, reducción de malezas y aportes nutricionales. El estudio también derribó otro de los temores frecuentes entre productores: el posible impacto negativo sobre los rindes posteriores. Los datos mostraron que, con un manejo adecuado del momento de secado y dependiendo de las recargas primaverales, las penalizaciones sobre los rendimientos fueron mínimas o incluso inexistentes en gran parte de las regiones evaluadas.

La investigación también encontró diferencias significativas según el tipo de cultivo de servicio utilizado. Las gramíneas mostraron una mayor probabilidad de afectar los rindes de maíz cuando el consumo de agua no logró recuperarse antes de la siembra. En cambio, las leguminosas incrementaron la productividad de los maíces posteriores incluso en situaciones de menor disponibilidad hídrica, probablemente por su capacidad de aportar nitrógeno al sistema. Las mezclas, por su parte, registraron respuestas neutras o positivas, consolidándose como una alternativa cada vez más atractiva para los planteos agrícolas.

Los resultados serán uno de los ejes centrales del próximo Congreso Aapresid, que se realizará del 4 al 6 de agosto en Rosario con el impulso de Expoagro. Allí, especialistas debatirán sobre el futuro de los cultivos de servicios y su papel frente a los desafíos de la agricultura moderna, en un escenario donde la eficiencia en el uso del agua y la sustentabilidad se transforman en variables cada vez más decisivas para la competitividad del agro argentino.

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