El calor lleva al ganado a niveles de peligro: qué puede pasar con carne y leche

El estrés térmico se intensifica en zonas ganaderas de Brasil y puede reducir consumo, ganancia de peso y producción de leche. El domingo será un día crítico.

El ganado de amplias zonas del centro-oeste y norte de Brasil enfrenta entre el 4 y el 9 de agosto condiciones crecientes de estrés térmico, con sectores de Mato Grosso, Rondônia, sur de Amazonas y oeste de Pará alcanzando categorías de peligro y, localmente, emergencia. El Instituto Nacional de Meteorología (INMET) advirtió que la combinación de temperaturas elevadas y humedad puede comprometer el confort de los animales, una situación relevante para la producción porque puede traducirse en menor consumo de alimento, menor ganancia de peso y reducción del rendimiento lechero.

 

Los mapas elaborados por el organismo muestran una expansión de las áreas críticas hacia el final del período. El domingo 9 aparece como una de las jornadas más delicadas, con una mayor presencia de zonas rojas y violetas sobre sectores de la Amazonía y del centro-oeste brasileño.

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Para determinar el nivel de riesgo, el sistema utiliza el Índice de Temperatura y Humedad (ITU). No alcanza con observar solamente cuántos grados marca el termómetro: la humedad modifica la capacidad del bovino para disipar el calor y, cuando ambas variables alcanzan determinados niveles, aumenta la carga térmica que debe soportar el organismo.

Las proyecciones para localidades monitoreadas permiten ver esa evolución. Porto Velho, en Rondônia, se acerca hacia el domingo a un ITU de 81, mientras Juara, en Mato Grosso, y São Félix do Xingu, en Pará, también muestran valores elevados. Corumbá, en Mato Grosso do Sul, permanece en niveles inferiores, aunque dentro de condiciones que requieren atención.

Cuando el bovino intenta enfriarse, la producción empieza a pagar el costo

El estrés térmico modifica el comportamiento normal del animal. Frente a temperaturas elevadas, el bovino pone en marcha mecanismos para intentar eliminar calor corporal, entre ellos el aumento de la frecuencia respiratoria y cambios en sus patrones de alimentación y actividad.

Uno de los primeros efectos puede ser una reducción del consumo. La digestión genera calor metabólico y, frente a una carga térmica elevada, los animales tienden a modificar cuánto y cuándo comen. Para un sistema productivo, esa respuesta fisiológica puede terminar reflejándose en una menor disponibilidad de nutrientes para crecimiento o producción.

En bovinos de carne, una disminución sostenida del consumo puede reducir la ganancia diaria de peso y empeorar la eficiencia productiva. En los tambos, el impacto puede aparecer en el volumen de leche, especialmente en vacas de alta producción, cuya generación de calor metabólico ya es considerable.

La reproducción tampoco queda al margen. Períodos intensos de estrés térmico pueden afectar diferentes parámetros reproductivos, mientras el aumento de la temperatura corporal obliga al organismo a destinar recursos a mantener su equilibrio fisiológico.

Los animales de alta productividad, las vacas en lactancia y aquellos manejados en sistemas intensivos aparecen entre los grupos que requieren mayor vigilancia durante los episodios de calor.

Agua, sombra y horarios: las decisiones que cobran valor antes del pico de calor

Con el avance de las condiciones críticas, el manejo cotidiano pasa a tener un papel determinante. Una de las prioridades es garantizar agua limpia, fresca y disponible en cantidad suficiente durante todo el día, ya que el consumo aumenta cuando los animales necesitan regular su temperatura.

La disponibilidad de sombra también resulta fundamental. Puede provenir de árboles o de estructuras artificiales, pero debe ofrecer espacio suficiente para evitar concentraciones excesivas de animales.

Otra medida consiste en trasladar las tareas hacia las horas más frescas. Alimentación, movimientos y otras actividades pueden realizarse temprano por la mañana o hacia el final de la tarde para reducir la exposición durante las horas de máxima temperatura.

El INMET también aconseja evitar durante los períodos más calientes transportes, vacunaciones y otros procedimientos que agreguen estrés a animales que ya están realizando un esfuerzo fisiológico para controlar su temperatura.

El episodio adquiere especial importancia por las regiones involucradas. Mato Grosso, Rondônia y Pará poseen una fuerte actividad ganadera, por lo que la extensión territorial de las condiciones adversas convierte al fenómeno en algo más que una cuestión de bienestar animal.

Los mapas permiten verlo con claridad: entre el 4 y el 9 de agosto las áreas clasificadas con mayor riesgo se expanden, mientras algunas localidades se acercan progresivamente a los umbrales más severos del índice.

Para el productor, el desafío consiste en actuar antes de observar animales claramente afectados. Cuando el calor ya consiguió reducir el consumo, alterar el comportamiento o comprometer la producción, parte del costo productivo comenzó a materializarse. El monitoreo del índice térmico permite anticipar ese momento y adaptar el manejo antes de que el termómetro termine reflejándose también en los kilos de carne o litros de leche.

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