Precios del agro: la brecha campo-góndola llegó a $3,78 por cada peso producido

La brecha volvió a mostrar el peso de la cadena comercial: el productor captó apenas 27,4% del precio final. Los cítricos marcaron los extremos.

La brecha entre el precio que recibió el productor y el que pagó el consumidor llegó a 3,78 veces durante junio de 2026, según el relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) sobre 24 agroalimentos. El dato implica que por cada $1 obtenido en el campo, se abonaron $3,78 en góndola, mientras la participación del productor quedó en 27,4% del precio final, 0,5 puntos porcentuales menos que en mayo. El indicador vuelve a poner bajo la lupa cómo se distribuye el valor dentro de la cadena agroalimentaria argentina, una discusión central para las economías regionales y para el bolsillo de los consumidores.

La foto general, sin embargo, esconde diferencias muy marcadas entre productos. En algunos alimentos, el recorrido desde la quinta o la tranquera hasta el comercio genera una multiplicación mucho mayor que el promedio. Allí entran en juego costos de transporte, almacenamiento, empaque, comercialización, pérdidas y márgenes de los distintos eslabones. Para el productor argentino, además, esa ecuación se desarrolla en un escenario condicionado por costos internos y problemas de competitividad. La participación de apenas 27,4% en el precio final muestra que una parte sustancial de lo que paga el consumidor se forma después de que el alimento abandona el establecimiento productivo.

Precios del agro: la brecha campo-góndola llegó a $3,78 por cada peso producido

Mandarina, naranja y limón: dónde se abrieron las mayores brechas

Los cítricos fueron los casos más extremos del relevamiento. La mandarina encabezó el ranking con una brecha de 16 veces: pasó de un precio de origen de $107 a un valor de destino de $1.707,8. La naranja quedó en segundo lugar, con una relación de 14,4 veces, al pasar de $117 en origen a $1.686,5 para el consumidor. El limón completó el podio con una brecha de 10,7 veces: de $155,9 a $1.663,6. Los números exponen la fuerte distancia que puede existir entre lo que recibe quien produce y el precio final, especialmente en actividades regionales donde la logística, la conservación y la comercialización tienen una incidencia significativa.

Biológicos: la regulación ya define qué innovaciones llegan primero al mercado mundial

En el otro extremo apareció la frutilla, con una brecha de apenas 1,1 veces, a partir de un precio de origen de $15.000 y uno de destino de $16.129,4. Huevos y pollo compartieron una relación de 2,3 veces: los huevos avanzaron de $1.699 en origen a $3.825,5 en destino, mientras que el pollo pasó de $2.092 a $4.764,7. La comparación deja en evidencia que no existe una única brecha campo-góndola para todo el agro. La estructura comercial, la perecibilidad, la logística y la cantidad de intermediarios pueden modificar sustancialmente la formación del precio de cada alimento hasta su llegada al consumidor.

Precios del agro: la brecha campo-góndola llegó a $3,78 por cada peso producido
Producto Brecha Precio origen / destino
Mandarina 16,0 $107,0 / $1.707,8
Naranja 14,4 $117,0 / $1.686,5
Limón 10,7 $155,9 / $1.663,6
Frutilla 1,1 $15.000 / $16.129,4
Huevos 2,3 $1.699,0 / $3.825,5
Pollo 2,3 $2.092,0 / $4.764,7

Fuente: Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

Nota: la brecha representa la cantidad de veces que se multiplicó el precio de origen hasta alcanzar el precio de destino y surge del cociente entre ambos valores.

El informe también mostró movimientos relevantes en los valores de origen. En términos interanuales, el precio de la canasta IPOD en el campo aumentó 58,8%, mientras que el acumulado de los últimos doce meses registró una suba de 28,6%. Frente a mayo, en cambio, el incremento fue de apenas 0,5%. Uno de los movimientos más fuertes se observó en la calabaza: el valor recibido en origen saltó 111,1%, pero en góndola avanzó solamente 1,9%. Esa combinación redujo 13,8% la brecha IPOD del producto, un ejemplo de cómo una mejora del precio al productor no necesariamente se traslada en igual proporción al consumidor.

El dato vuelve a instalar un interrogante que excede la inflación: cuánto del precio final de los alimentos queda efectivamente en manos de quien produce. En un país donde el debate por retenciones, costos logísticos, presión impositiva, infraestructura y agregado de valor atraviesa permanentemente a la cadena agroindustrial, seguir la evolución de esta brecha permite identificar dónde se amplifican los precios. La discusión no pasa solamente por cuánto cuesta un alimento en la góndola, sino también por cómo se reparte ese valor entre producción, transporte, industria y comercialización, y qué herramientas pueden mejorar la competitividad sin perder de vista al consumidor.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *