Investigadores del INTA-Conicet estudian la clorofila como una herramienta simple y de bajo costo para detectar plantas más tolerantes al estrés hídrico.
Especialistas del INTA-Conicet determinaron que el monitoreo de la clorofila puede utilizarse para identificar cultivos con mayor tolerancia a la sequía. El estudio fue realizado por investigadores del Instituto de Fisiología y Recursos Genéticos Vegetales (IFRGV) y analizó el comportamiento de distintas especies frente al déficit hídrico. El avance importa porque plantea una alternativa simple, rápida y de bajo costo para seleccionar materiales con mejor desempeño productivo cuando falta agua y acelerar los programas de mejoramiento genético.
Durante los últimos 50 años, los rendimientos de cultivos como soja, maíz y arroz aumentaron mediante mejoras en la arquitectura de las plantas y en la distribución de su biomasa. Sin embargo, esas estrategias comienzan a acercarse a sus límites biológicos. Frente a ese escenario, los investigadores pusieron el foco en la fotosíntesis, el proceso por el cual las plantas transforman la energía solar en biomasa, para determinar si el contenido de clorofila puede funcionar como un indicador de tolerancia al estrés hídrico.
La clorofila, una señal para detectar plantas más tolerantes
«Si medimos las clorofilas que tiene la planta, podemos deducir su capacidad productiva bajo estrés», explicó Mariela Monteoliva, especialista del grupo de Fisiología del Estrés Hídrico y Microorganismos del IFRGV. Tras analizar resultados en diferentes especies cultivadas y silvestres, los especialistas concluyeron que las clorofilas pueden funcionar como un indicador de tolerancia a la sequía. Su seguimiento puede realizarse con medidores portátiles, técnicas de laboratorio de alta precisión como HPLC e incluso mediante sensores remotos.

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Cuando falta agua, en la mayoría de los cultivos se acelera la degradación de las clorofilas, disminuye la tasa fotosintética y finalmente se afecta el rendimiento. Sin embargo, el estudio señala que genotipos tolerantes de soja, papa y cereales pueden conservar elevados niveles de clorofila incluso bajo un déficit hídrico severo. «Las plantas que conservan su verdor utilizan la energía lumínica de manera más eficiente», explicó Carla Guzzo, investigadora del grupo.
A partir de esa relación, los investigadores consideran que el contenido de clorofilas podría incorporarse como criterio de selección en programas de mejoramiento genético destinados a obtener variedades más resilientes. En los cultivares tolerantes, la capacidad de conservar los niveles de clorofila está vinculada con la posibilidad de continuar produciendo granos o biomasa bajo condiciones de estrés, una característica central al momento de evaluar materiales frente a la falta de agua.
La accesibilidad aparece como otro aspecto destacado. Los medidores portátiles de bajo costo permiten identificar materiales tolerantes sin requerir grandes infraestructuras ni equipamientos complejos. «El monitoreo del contenido de clorofilas es una estrategia prometedora y, hasta ahora, subutilizada para identificar plantas tolerantes a la sequía», sostuvo Guzzo. El estudio plantea así una herramienta que puede contribuir al mejoramiento de los cultivos frente a un escenario climático cada vez más impredecible.

