Cuando lo que nunca va a pasar, al final pasa: la muerte de 40.000 aves en un establecimiento que sirve como experiencia para el campo y los desafíos del mercado asegurador

Santiago Cabral, de La Segunda, analizó los desafíos del seguro agropecuario y la necesidad de ampliar las coberturas frente a nuevos riesgos climáticos y productivos

El seguro agropecuario argentino tiene una fuerte concentración en pocos cultivos y, principalmente, en coberturas contra granizo. Pero frente a escenarios climáticos, como los que puede generar un año Niño, el productor queda expuesto a riesgos que todavía tienen una participación muy limitada dentro del mercado asegurador.

Así lo explicó Santiago Cabral, auditor de Riesgos Agropecuarios y Forestales de La Segunda, quien analizó las alternativas para ampliar las coberturas, el desarrollo de seguros multiclima y la necesidad de generar herramientas que acompañen a las distintas producciones.

segurada, de los siniestros, está concentrado en agricultura”. Trigo, maíz y soja representan el 86% de las primas.

El Niño y el desafío de cubrir nuevos riesgos

En un escenario de mayor disponibilidad de agua, como el que puede asociarse a El Niño, puede generar pérdidas productivas.

Sin embargo, esos riesgos todavía tienen una participación muy baja en el mercado. Cabral explicó que sequía e inundación representan alrededor del 1% de las coberturas actuales. El desafío, entonces, es desarrollar herramientas que permitan proteger al productor también frente a eventos que pueden afectar grandes superficies de manera simultánea.

Por eso, el sector busca avanzar hacia esquemas multiclima, aunque todavía lejos de un seguro que cubra todos los riesgos posibles. “Estamos tratando de avanzar con el multiclima, no con el multirriesgo”, explicó.

La dificultad está en que una sequía o una inundación pueden afectar al mismo tiempo a una gran cantidad de productores de una región. Para que una cobertura sea sostenible, las aseguradoras necesitan dispersar el riesgo geográficamente y entre distintos productores.

Cabral lo explicó de esta manera: “Si uno no puede dispersar y tiene que cobrar solo, es como ir a comprar un siniestro porque ahí la probabilidad de ocurrencia es del 75 al 85%”.

En este contexto aparecen las pruebas piloto de Córdoba y Entre Ríos. Córdoba avanzó con una cobertura para maíz y soja, mientras que Entre Ríos implementará una alternativa exclusivamente para maíz. También existen conversaciones con Santa Fe.

Estas experiencias se desarrollan mediante pools de compañías, es decir, esquemas en los que varias aseguradoras participan de una misma operatoria y comparten la exposición al riesgo. En Entre Ríos, Cabral explicó que son ocho compañías las que integran el pool, con requisitos de dispersión por departamento.

Los reaseguradores exigen dispersión”, señaló. La lógica es evitar que una sola aseguradora quede expuesta frente a un evento climático que pueda afectar a una gran cantidad de productores al mismo tiempo.

Cuando el riesgo aparece donde menos se espera

Cabral contó una experiencia con un seguro avícola desarrollado por La Segunda que, según explicó, muestra cómo un evento improbable puede terminar ocurriendo. “Lo que parece que nunca va a suceder, alguna vez sucede”, sostuvo.

El caso ocurrió en una nave de cría de pollos parrilleros para carne. El establecimiento contaba con tres mecanismos de seguridad ante un corte de electricidad: una alarma sonora para alertar al personal, un grupo electrógeno que podía activarse manual o automáticamente y un sistema de cortinas que debía permitir el ingreso de aire del exterior.

Sin embargo, el problema apareció justamente en uno de esos sistemas. El mecanismo de las cortinas sufrió una falla o rotura mecánica y las cortinas cayeron parcialmente, lo que comprometió la ventilación de la nave.

El resultado fue un siniestro que nadie esperaba: “40.000 aves murieron por asfixia”, relató Cabral.

Para el especialista, el episodio demuestra que el desafío no pasa solamente por sumar sequía o inundación a los cultivos extensivos. Argentina tiene una amplia diversidad productiva que también enfrenta riesgos: pasturas, ganadería, tambos y otras producciones.

Un mercado que busca ampliar su alcance

El desafío también aparece en la penetración del seguro. Cabral señaló que existe un amesetamiento en la relación entre superficie asegurada y superficie sembrada.

“Hasta la campaña 2012-2013, nosotros traíamos en esa relación arriba de un 60% de penetración y nos caímos debajo del 40%”, explicó.

A su entender, el dato muestra que el mercado tradicional tiene un límite. “El mercado no todo resuelve”, afirmó, y planteó la necesidad de generar nuevos mecanismos para incorporar otros riesgos y actividades productivas.

De cara a la campaña gruesa, las coberturas tradicionales continúan basándose en combinaciones de riesgos nominados, mientras que las principales novedades aparecen en las experiencias con articulación público-privada y pools de compañías.

“Todo lo que va por fuera de esos combos de riesgos nominados lo estamos haciendo en operatorias con articulación pública y en pool de compañías, no vamos solos”, explicó.

 

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