Chicharrita del maíz: agosto frenó la plaga, pero el riesgo económico sigue latente

El frío redujo con fuerza las poblaciones del vector del achaparramiento, aunque el NOA, NEA y Centro-Norte mantienen una presión que preocupa al maíz

El clima de agosto finalmente golpeó a la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis) y provocó una caída abrupta de las poblaciones en las cinco regiones agroecológicas relevadas, según el 48º informe de la Red Nacional de Monitoreo, elaborado con datos recogidos entre el 1 y el 17 de agosto de 2026. La noticia representa un alivio para los productores argentinos en momentos en que comienzan a definirse las siembras tempranas, pero no elimina el riesgo: NOA, NEA y Centro-Norte todavía presentan niveles significativos y superiores a los registrados un año atrás, una señal que obliga a sostener la vigilancia para evitar que el vector vuelva a condicionar el potencial productivo y económico del cereal.

Agosto hizo su trabajo, pero el mapa argentino todavía muestra luces amarillas

La mejora es contundente cuando se observan los números, aunque esconde fuertes diferencias regionales. En el NOA, el promedio bajó de 457 a 187 adultos por trampa, mientras las localidades con más de 100 ejemplares descendieron del 73% al 41%. Sin embargo, las capturas continúan siendo 2,4 veces superiores a las del mismo período de 2025. En el NEA ocurrió algo similar: el promedio retrocedió de 186 a 63 adultos por trampa y las localidades por encima de 100 pasaron del 44% al 17%. Aun con esa caída, la población promedio permanece cerca de 40% por encima de la registrada hace un año, por lo que la reducción climática todavía no permite hablar de un escenario normalizado.

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El contraste más preocupante aparece en el Centro-Norte. Allí las capturas promedio disminuyeron de 74 a 29 adultos por trampa, mientras las localidades sin presencia del vector crecieron del 13% al 32%. El problema está en la comparación interanual: la cantidad promedio de adultos todavía resulta diez veces superior a la observada a esta altura de 2025. Para Córdoba, Santa Fe y otras zonas maiceras, el dato adquiere relevancia económica ante el comienzo de una nueva campaña: después del impacto que el complejo del achaparramiento tuvo sobre el cereal en ciclos anteriores, reducir la presión inicial del vector puede convertirse en un factor decisivo para proteger rindes, márgenes y decisiones de inversión.

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En cambio, el Litoral y el Centro-Sur muestran el escenario más favorable. En el primero, las capturas bajaron de nueve a apenas dos adultos por trampa, desaparecieron las localidades con más de 100 individuos y el vector estuvo ausente en el 64% de los puntos monitoreados. En el Centro-Sur, el promedio cayó de 2,4 a solamente 0,18 adulto por trampa, ubicándose por primera vez por debajo del registro correspondiente al mismo momento de 2025. Además, el 90% de las localidades presentó cero capturas. Son números alentadores para el corazón agrícola, aunque la experiencia reciente aconseja no interpretar esta fotografía de agosto como una garantía para toda la campaña.

El maíz guacho se convierte en el próximo frente de batalla

El riesgo ahora no depende solamente de cuántas chicharritas sobrevivieron al invierno. La elevada humedad favoreció la aparición de maíces voluntarios o «guachos», plantas que pueden actuar como un verdadero «puente verde» para Dalbulus maidis entre una campaña y la siguiente. Por eso, la Red considera estratégico monitorear y eliminar estos hospederos, especialmente en las regiones endémicas, y mantener una vigilancia sistemática durante la transición entre invierno y primavera. Con las siembras tempranas acercándose, llegar a los nuevos lotes con la menor población posible del vector será una pieza central del manejo sanitario, particularmente allí donde las capturas continúan lejos de los niveles observados el año pasado.

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Los análisis de infectividad agregan otro elemento al tablero. El informe evaluó cinco localidades: en cuatro sitios del Centro-Norte, ubicados en Córdoba y Santa Fe, la detección de portación de Spiroplasma fue baja a moderada, mientras que en la localidad analizada del NEA, en Santiago del Estero, no se detectó el patógeno. El resultado aporta una señal favorable, pero no habilita a bajar la guardia. La recomendación técnica es sostener esquemas de monitoreo activos, sistemáticos y representativos, porque la abundancia del insecto y su capacidad de transmitir patógenos son variables que deben analizarse en conjunto para dimensionar correctamente el riesgo sanitario.

Agosto, finalmente, entregó parte del alivio que esperaba el maíz argentino. El clima redujo drásticamente la chicharrita, pero no borró la amenaza, sobre todo en el norte del país. Para una cadena que necesita recuperar previsibilidad productiva y competitividad, el desafío pasa ahora por transformar esa ayuda climática en una ventaja agronómica: eliminar maíces guachos, monitorear cada zona y evitar que el «puente verde» permita una recuperación temprana del vector. La campaña 2026/27 empieza a jugarse antes de que las sembradoras entren definitivamente a los lotes, y en esta etapa la prevención puede valer mucho más que cualquier intervención tardía.

Informe competo

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