Las rurales del bloque reclamaron ya reglas claras para distribuir los cupos con la UE y evitar una carrera que complique a los exportadores argentinos.

La Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur (FARM) reclamó esta semana a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay que aceleren el reparto interno de las cuotas de exportación abiertas por el acuerdo comercial con la Unión Europea, en aplicación provisional desde el 1° de mayo de 2026. El planteo importa especialmente para el agro argentino porque, si los socios no acuerdan previamente cómo distribuir los contingentes, empresas de los cuatro países podrían terminar compitiendo por un mismo cupo bajo un esquema de «primero llegado, primero servido», con menor previsibilidad sobre cuánto podrá colocar cada exportador en uno de los mercados de mayor valor del mundo
La advertencia llega cuando las empresas empiezan a poner números concretos a las oportunidades abiertas por un entendimiento negociado durante más de dos décadas. Desde la FARM sostienen que no definir de antemano qué participación tendrá cada país puede generar inseguridad operativa, afectar las decisiones comerciales y debilitar la posición negociadora frente a compradores europeos. Para la Argentina, la discusión no es menor: significa establecer qué porción podrá capturar el complejo agroindustrial nacional frente a gigantes exportadores como Brasil y frente a Uruguay y Paraguay, que también buscarán aprovechar con rapidez las preferencias arancelarias concedidas por Bruselas.
El riesgo de una carrera entre Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay
El punto que encendió las alarmas es el eventual uso del sistema «first in, first out» (FIFO). Bajo ese criterio, los operadores que ingresen primero sus solicitudes podrían acceder antes al contingente disponible. La FARM advirtió que esta modalidad corre el riesgo de transformar una ventaja comercial negociada como bloque en una carrera entre empresas y países, en lugar de permitir contratos, producción y logística planificados a largo plazo. «La aplicación del criterio ‘first in, first out’ puede transformar el acceso a la cuota en una carrera por presentar solicitudes», sostuvo la Federación en el documento difundido y reproducido por entidades del sector.

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La cuestión resulta particularmente sensible en productos agroindustriales donde la Argentina tiene capacidad de competir por calidad y escala. Carne bovina, carne aviar y porcina, miel, arroz, azúcar, maíz y sorgo, etanol, lácteos, huevos y ajos aparecen entre los sectores beneficiados por las preferencias negociadas. La Secretaría de Agricultura argentina informó al reglamentar el sistema que la UE otorgó 21 cuotas para diferentes productos agroindustriales del Mercosur. La FARM, al describir el esquema regional, habla de contingentes correspondientes a 22 productos. Más allá de esa diferencia de contabilización, el desafío central es el mismo: determinar qué proporción de esos accesos preferenciales podrá utilizar efectivamente cada socio.
Para el exportador argentino, contar con una participación definida no es apenas una cuestión burocrática. Saber cuánto producto puede ingresar con condiciones arancelarias preferenciales permite negociar precios, cerrar contratos, programar embarques y decidir inversiones. Sin esa referencia, la ventaja puede diluirse. Y allí aparece nuevamente Brasil: por escala productiva, capacidad empresarial y volumen exportador, el principal socio del Mercosur está en condiciones de movilizar rápidamente mercadería. Argentina conserva fortalezas en cadenas como carne, granos, miel y determinados alimentos de mayor valor agregado, pero necesita reglas previsibles para que esas ventajas se traduzcan en negocios y no queden condicionadas por una carrera administrativa.
Cómo repartir las cuotas y qué se juega el agro argentino
La propuesta de los productores es que los contingentes concedidos por Europa sean gestionados a través del Sistema de Administración y Distribución de Cuotas Otorgadas al Mercosur por Terceros Países o Grupos de Países (SACME) y que exista antes un acuerdo político sobre la participación de los Estados. Argentina ya avanzó sobre su parte administrativa: mediante la Resolución 50/2026, la Secretaría de Agricultura estableció condiciones para gestionar los contingentes agropecuarios y determinó que los certificados correspondientes sean emitidos por SACME y tramitados localmente mediante el sistema argentino de cuotas de exportación.
El acuerdo ofrece un mercado difícil de ignorar. Desde su puesta en marcha provisional, Mercosur y la Unión Europea conforman un espacio comercial de más de 750 millones de personas y cerca del 20% del PBI mundial. El esquema prevé eliminar progresivamente buena parte de las barreras arancelarias, aunque los productos agropecuarios más sensibles quedaron sujetos a contingentes y mecanismos especiales. Para la agroindustria argentina esto abre posibilidades de agregado de valor y diversificación en un mercado exigente en materia sanitaria, ambiental y de trazabilidad, pero también obliga a competir puertas adentro del Mercosur por la distribución de beneficios que pertenecen inicialmente al bloque y no a cada país por separado.
La FARM, presidida por Jorge A. Rodríguez, considera además que lo que se resuelva con Europa puede sentar un precedente para futuras negociaciones comerciales del Mercosur. Por eso pidió que los gobiernos escuchen a quienes terminarán utilizando los contingentes: los operadores privados. La entidad sostiene que son las empresas las que conocen volúmenes, mercados y necesidades específicas de cada cadena. Para Argentina, la discusión es estratégica: conseguir un reparto equilibrado puede convertir la apertura europea en más exportaciones e ingresos; llegar tarde a esa definición puede significar ceder terreno ante sus propios socios antes incluso de salir a competir con el resto del mundo.
