El Gobierno proyecta 18% de inflación, crecimiento del 4% y un dólar de $1.847,60. Para el agro, retenciones y exportaciones completan una ecuación decisiva.

El Gobierno presentó este martes los principales supuestos del Presupuesto 2027, con una inflación anual proyectada del 18%, crecimiento económico del 4% y un dólar de $1.847,60 hacia fines del próximo año. Los números fueron expuestos por el ministro de Economía, Luis Caputo, mientras el oficialismo prepara el debate parlamentario. Para el agro, sin embargo, la discusión va mucho más allá del tipo de cambio: la combinación entre dólar, inflación, precios internacionales y reducción de retenciones será determinante para la competitividad y los márgenes de la próxima campaña.
La cuestión cambiaria será uno de los puntos que seguirá de cerca la agroindustria. Un dólar de $1.847,60 a diciembre funcionará como referencia presupuestaria, aunque no constituye una garantía sobre el valor efectivo que tendrá la divisa. Para productores y exportadores, la variable deberá compararse especialmente con la evolución de los costos internos. Si los insumos, fletes, labores y servicios avanzan por encima del tipo de cambio, la competitividad puede resentirse; si ocurre lo contrario, la ecuación exportadora podría mejorar. Allí aparece uno de los interrogantes centrales que deja el proyecto para el campo.


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Retenciones 2027: la otra cuenta que mira el productor
El Presupuesto encuentra además al agro frente a un cambio tributario ya establecido. Desde enero de 2027 comenzará una reducción gradual de los derechos de exportación para los principales granos. La soja tendrá una baja de 0,25 punto porcentual por mes durante 2027, mientras maíz y sorgo reducirán 0,25 punto por trimestre y el girasol hará lo propio por semestre. El esquema adquiere especial relevancia porque modifica progresivamente el precio neto recibido por las cadenas exportadoras y deberá analizarse junto con el comportamiento del dólar y las cotizaciones internacionales.
La importancia del sector dentro de las cuentas externas explica por qué estas variables exceden al productor individual. Entre enero y mayo de 2026, Argentina exportó productos agroindustriales por US$22.383 millones, un crecimiento interanual del 17%. En volumen fueron 53 millones de toneladas, 18% más que un año atrás y récord para ese período. Maíz, trigo, girasol, cebada, lácteos y distintas economías regionales estuvieron entre las cadenas que explicaron el crecimiento. El desempeño convierte al agro nuevamente en una pieza central para cualquier objetivo oficial de incrementar las exportaciones.

El escenario presentado para 2027 incluye además la búsqueda de resultado fiscal positivo y superávit financiero. Para la agroindustria ese punto tampoco resulta secundario: el Gobierno viene vinculando la reducción de impuestos distorsivos y derechos de exportación con la consolidación fiscal. Así, la capacidad de profundizar futuras bajas tributarias estará atravesada por la marcha de las cuentas públicas, mientras productores y empresas deberán tomar decisiones de inversión con una campaña que combina oportunidades comerciales con una estructura de costos todavía exigente.
Para el campo, por lo tanto, el número de $1.847,60 es apenas una parte de la historia. La verdadera ecuación de 2027 estará en cuánto suban los costos frente al dólar, cuánto bajen efectivamente las retenciones y qué precios internacionales encuentren soja, maíz y trigo. Si además las exportaciones nacionales logran acercarse a los más de US$130.000 millones contemplados por el escenario oficial, el agro volverá a tener un papel decisivo en la generación de divisas. El Presupuesto fija una hoja de ruta; los márgenes del productor mostrarán finalmente cuánto de esas proyecciones llega al lote.
