América Latina frena en 2026: el agro gana peso ante el menor crecimiento

S&P prevé menor crecimiento regional y recorta a Argentina y Chile. El agro aparece como sostén clave frente a un escenario de inversión más débil.

América Latina enfrentará una desaceleración económica en 2026, según las nuevas proyecciones de S&P Global Ratings conocidas este 25 de septiembre, con Argentina y Chile entre las economías que recibieron los mayores ajustes a la baja. La calificadora estima que el PIB regional crecerá 1,8% este año, frente al 2,3% de 2025, una señal relevante para el agro porque un menor ritmo de actividad puede repercutir sobre inversión, financiamiento, consumo y cadenas de valor agroalimentarias, aunque los sectores exportadores mantienen una dinámica propia vinculada con la demanda y los precios internacionales.

La fotografía regional, sin embargo, está lejos de ser uniforme. Según las estimaciones de S&P difundidas este jueves, Argentina crecería 2,2% en 2026, medio punto menos que el 2,7% calculado previamente, mientras Chile sufrió una corrección todavía mayor, desde 1,8% hasta 0,7%. En sentido contrario, México mejoró su perspectiva de 1% a 1,3% y Perú pasó de 2,7% a 3,2%. Brasil se mantendría alrededor del 1,9% y Colombia en 2,5%. Para 2027, S&P espera una expansión regional cercana al 2%, aunque persisten importantes diferencias entre mercados.

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Argentina y Chile retroceden mientras el agro sostiene actividad

El caso argentino tiene una particular relevancia para las cadenas agroindustriales. S&P destacó el buen desempeño de los sectores agrícola y minero durante 2026, aunque consideró que ese impulso no alcanzó para compensar la debilidad registrada en actividades intensivas en mano de obra, especialmente manufacturas y servicios. El escenario coincide con las últimas cifras oficiales: el INDEC informó que el PIB argentino del segundo trimestre creció 2% interanual, pero retrocedió 0,6% en términos desestacionalizados frente al trimestre anterior, confirmando una pérdida de velocidad de la actividad económica.

Para el agro argentino, la lectura requiere separar la dinámica doméstica de la exportadora. Una economía con menor crecimiento puede limitar el consumo interno, encarecer decisiones de inversión y condicionar el acceso al financiamiento, pero buena parte de los commodities agrícolas y productos agroindustriales dependen además de precios internacionales, tipo de cambio, condiciones climáticas, logística de exportación y demanda externa. Esa característica puede otorgar al complejo agroexportador un papel relevante como generador de divisas, aunque la competitividad también dependerá de infraestructura, costos internos y capacidad para incorporar valor agregado.

Economía de México. Los peatones caminan por la avenida Reforma frente al Ángel de la Independencia durante la hora pico de la mañana en Ciudad de México, México, el viernes 29 de junio de 2018.

Chile enfrenta un escenario diferente pero igualmente desafiante. S&P redujo su previsión de crecimiento para 2026 hasta 0,7%, frente al 1,8% estimado anteriormente, después de un desempeño económico inferior al esperado durante el primer semestre. El aumento de los precios energéticos aparece entre los factores que presionaron sobre inflación y consumo. Para 2027, sin embargo, la calificadora espera una recuperación hasta 2,9%, apoyada en una mejora del consumo y la inversión, especialmente minera. La evolución de energía, tasas y demanda será también relevante para los costos de las cadenas agroalimentarias chilenas.

México y Perú mejoran: comercio, clima y financiamiento bajo la lupa

México aparece entre las economías que recibieron una revisión positiva, con un crecimiento proyectado de 1,3% para 2026. S&P señaló que la actividad del segundo trimestre fue más sólida de lo previsto, aunque parte del resultado respondió a la volatilidad del sector agrícola. Para el agro mexicano, además, el desempeño económico está atravesado por la profunda integración comercial con Estados Unidos y por la revisión del T-MEC, que mantiene en primer plano las condiciones de acceso a mercados, aranceles, normas fitosanitarias, trazabilidad y decisiones de inversión de las cadenas agroalimentarias norteamericanas.

Perú presenta una de las mejores perspectivas entre las principales economías analizadas. S&P elevó su estimación de crecimiento desde 2,7% hasta 3,2%, impulsada especialmente por una inversión que mostró una expansión significativa durante el año. Pero el clima aparece como una variable de riesgo: un episodio de El Niño podría afectar actividades agrícolas y pesqueras y provocar inundaciones o interrupciones logísticas. Para el sector productivo, el escenario vuelve a poner sobre la mesa la importancia de infraestructura vial, seguros, agricultura digital, tecnificación y herramientas financieras que permitan aumentar la resiliencia frente a la variabilidad climática.

Brasil, por su parte, mantendría un crecimiento cercano al 1,9% durante 2026, mientras Colombia avanzaría 2,5%. En ambas economías, las condiciones financieras y la inflación seguirán siendo variables sensibles para el sector productivo. Tasas reales elevadas impactan directamente sobre capital de trabajo, adquisición de maquinaria, almacenamiento, tecnología e infraestructura, elementos esenciales para sostener productividad y competitividad. S&P Global ya había advertido a comienzos de año sobre condiciones crediticias menos favorables y una mayor cautela de los bancos latinoamericanos durante 2026.

La desaceleración tampoco ocurre de manera aislada. El escenario internacional combina precios energéticos elevados, mayores rendimientos soberanos y nuevas presiones sobre las tasas de interés, aunque la actividad económica mundial conserva señales de resiliencia. El panorama de septiembre de S&P Global Market Intelligence identifica precisamente al shock energético y al endurecimiento monetario entre los principales factores de riesgo para la economía global. Para América Latina, altamente vinculada al comercio de commodities, estas variables pueden modificar simultáneamente costos productivos, precios FOB/CIF, logística y demanda internacional.

El nuevo mapa económico deja así una señal para el agronegocio latinoamericano: una región que crece menos necesitará más productividad y competitividad para sostener inversión y generación de divisas. Agricultura digital, biotecnología, trazabilidad, infraestructura portuaria y vial, financiamiento y diversificación de mercados serán determinantes. En un contexto de menor expansión interna, la ventaja comparativa agrícola de América Latina puede adquirir todavía mayor relevancia, pero transformarla en crecimiento dependerá de avanzar desde la exportación de materias primas hacia cadenas de valor con mayor tecnología, resiliencia, sustentabilidad y valor agregado.

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