Tierras agrícolas: la enorme brecha de precios entre EE.UU., Brasil y Argentina

Una hectárea agrícola en Iowa superó los US$28.500 en 2025, frente a unos US$22.400 en Mato Grosso y una referencia de US$15.850 en Argentina.

El precio de la tierra agrícola mostró en 2025 una amplia brecha entre Estados Unidos, Brasil y Argentina, tres protagonistas del mercado mundial de soja y maíz. El promedio de Iowa alcanzó aproximadamente US$28.538 por hectárea, mientras que la referencia de Sinop, en Mato Grosso, fue de unos US$22.402 por hectárea. Para Argentina, una referencia independiente de campos agrícolas de primera calidad se ubicó alrededor de US$15.850 por hectárea. La diferencia resulta estratégica porque determina cuánto capital necesita un productor para comprar tierra y ampliar su escala productiva.

El estudio original, que compara Estados Unidos y Brasil, revela además cuánto se encareció este activo durante las últimas dos décadas. En Iowa, el valor promedio pasó del equivalente a US$5.147 por hectárea en 2002 a US$28.538 en 2025. En Mato Grosso, avanzó desde aproximadamente US$3.271 hasta US$22.402 por hectárea. En dólares nominales, la tasa de crecimiento anual compuesto alcanzó 7,7% en Iowa y 8,7% en Mato Grosso, mostrando que la tierra brasileña se valorizó a mayor velocidad, aunque también registró una volatilidad considerablemente superior.

 

Región Valor 2002/ha Valor 2025/ha
Iowa, EE.UU. US$5.147 US$28.538
Mato Grosso, Brasil ?US$3.271 ?US$22.402
Argentina* – ?US$15.850

 

Argentina se incorpora como referencia independiente para 2025 y no forma parte de la serie histórica original Iowa-Mato Grosso. Las regiones, calidad de los suelos y metodologías no son idénticas, por lo que los valores sirven para dimensionar diferencias económicas y no como un ranking nacional.

Campos agrícolas en Mato Grosso, Brasil, una región clave para la producción de soja y maíz y para la expansión del agronegocio sudamericano.
Campos agrícolas en Mato Grosso, Brasil, una región clave para la producción de soja y maíz y para la expansión del agronegocio sudamericano.

Una hectárea más barata no siempre significa producir con menores costos

La distancia entre Estados Unidos y Brasil llegó a reducirse notablemente durante el boom de los commodities de 2021-2023. Mato Grosso alcanzó en 2022 el equivalente a US$27.540 por hectárea, impulsado por la elevada rentabilidad agrícola, la demanda internacional, los bajos stocks globales y factores cambiarios. Con la posterior caída de los precios de soja y maíz, mayores costos de insumos y condiciones financieras más exigentes, el mercado brasileño perdió impulso. Para 2025, el valor de Iowa terminó 27% por encima de Mato Grosso, según el estudio.

 

Indicador Iowa Mato Grosso
Valor 2025 US$28.538/ha US$22.402/ha
Máximo del estudio ?US$29.245/ha ?US$27.540/ha
Crecimiento anual 2002-2025 7,7% 8,7%

 

Argentina agrega un contraste relevante para América Latina. La referencia utilizada para 2025 ubica tierras agrícolas de primera calidad alrededor de US$15.850 por hectárea, aproximadamente 44% por debajo de Iowa y 29% por debajo de Mato Grosso. La comparación requiere cautela: no representa el promedio de toda la Argentina y tampoco utiliza exactamente la misma metodología del estudio estadounidense-brasileño. Sin embargo, permite dimensionar la diferencia en el capital necesario para acceder a tierra productiva entre tres grandes polos agrícolas de América.

La magnitud se vuelve más clara al pensar en una explotación de 1.000 hectáreas. Utilizando estos valores de referencia, adquirir esa superficie demandaría alrededor de US$28,5 millones en Iowa, US$22,4 millones en Mato Grosso y US$15,85 millones bajo la referencia argentina. Entre Iowa y Argentina aparece así una diferencia cercana a US$12,7 millones. Para una empresa agropecuaria, semejante distancia puede modificar la capacidad de expansión, el endeudamiento requerido y los recursos disponibles para maquinaria, tecnología, agricultura de precisión e infraestructura.

Referencia 2025 US$/hectárea Capital por 1.000 ha
Iowa, EE.UU. US$28.538 US$28,54 millones
Mato Grosso, Brasil US$22.402 US$22,40 millones
Argentina ?US$15.850 ?US$15,85 millones

 

Pero el precio de compra es solamente una parte de la ecuación. El estudio reporta para Brasil una tasa Selic de 13,75%, frente a un rango de 3,75%-4% para la tasa de fondos federales estadounidense al momento del análisis. Un costo financiero considerablemente mayor puede extender los períodos de recupero de una inversión y reducir parte de la ventaja proporcionada por una tierra más económica. Para productores latinoamericanos, la combinación entre precio de la hectárea, tasas, acceso al crédito, márgenes agrícolas y costos de insumos resulta tan importante como el valor nominal del campo.

Campos agrícolas en Iowa, uno de los principales estados productores de maíz y soja de Estados Unidos. El elevado valor de la tierra refleja la fortaleza de este activo y el creciente capital necesario para expandir la producción.
Campos agrícolas en Iowa, uno de los principales estados productores de maíz y soja de Estados Unidos. El elevado valor de la tierra refleja la fortaleza de este activo y el creciente capital necesario para expandir la producción.

La estructura de tenencia también establece diferencias. En Brasil, las tierras propias representan alrededor del 85% de la superficie de los establecimientos agropecuarios, mientras que los productores comerciales de granos del Midwest estadounidense alquilan o trabajan bajo esquemas compartidos aproximadamente tres cuartas partes de la superficie que operan. En Iowa existe además un respaldo patrimonial considerable: 84% de las tierras agrícolas están libres de deuda, una característica que contribuye a sostener los precios incluso cuando se deterioran los márgenes productivos.

 

Las expectativas muestran que la tierra continúa siendo vista como un activo estratégico. El gráfico del estudio basado en el Purdue University-CME Group Ag Economy Barometer ubica el Long-Term Farmland Value Expectations Index en 163 puntos en agosto de 2026, por encima de muchos registros anteriores a 2020. Para América Latina, la comparación deja una conclusión económica relevante: tener tierras más baratas puede favorecer la expansión agrícola, pero la competitividad final depende también del crédito, los alquileres, los costos productivos, la infraestructura y la rentabilidad que cada hectárea puede generar.

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