Resistencia en el agro: el problema que está cambiando la protección de cultivos en América Latina

Malezas, insectos y enfermedades más difíciles de controlar obligan a revisar estrategias y aceleran un cambio tecnológico en el agro latinoamericano.

La resistencia a herbicidas, insecticidas y fungicidas está dejando de ser un problema puntual de determinados lotes para convertirse en uno de los factores que más está modificando la protección de cultivos en América Latina. En 2026, la presión creciente de malezas, insectos y enfermedades sobre herramientas utilizadas durante años está obligando a productores y asesores a revisar programas de control, incorporar diferentes modos de acción y combinar tecnologías. Argentina, Brasil, México, Colombia y Perú muestran distintas expresiones de un mismo desafío regional, mientras Chile forma parte de un mercado que también avanza hacia esquemas de manejo cada vez más integrados.

El fenómeno tiene una explicación agronómica conocida, pero consecuencias económicas cada vez mayores. Cuando una misma herramienta o un mismo mecanismo de acción se utiliza repetidamente, aumenta la presión de selección sobre las poblaciones presentes en el sistema productivo. Los individuos capaces de sobrevivir se reproducen y, con el tiempo, una tecnología que anteriormente ofrecía niveles elevados de control puede comenzar a perder eficacia. En regiones agrícolas con ciclos intensivos y varias campañas por año, el desafío adquiere todavía mayor relevancia.

La resistencia a herbicidas, insecticidas y fungicidas obliga a los productores latinoamericanos a diversificar modos de acción y avanzar hacia estrategias de manejo integrado.
La resistencia a herbicidas, insecticidas y fungicidas obliga a los productores latinoamericanos a diversificar modos de acción y avanzar hacia estrategias de manejo integrado.

Un problema regional con diferentes caras

Argentina ofrece uno de los ejemplos más visibles en malezas. En su cinturón de granos y oleaginosas, la presencia de biotipos resistentes a glifosato y de malezas con resistencia o tolerancia a herbicidas inhibidores de ALS está aumentando la complejidad de los programas de control. La consecuencia práctica es importante: depender de una sola herramienta resulta cada vez menos sostenible y obliga a trabajar con rotaciones, diferentes mecanismos de acción y decisiones agronómicas que comienzan mucho antes de ingresar al lote con una pulverizadora.

En Brasil, la intensidad productiva agrega otra dimensión. En amplias zonas agrícolas, la sucesión de soja y maíz reduce los períodos de interrupción entre cultivos y mantiene una elevada presión sobre las tecnologías disponibles. Allí aparecen simultáneamente desafíos relacionados con malezas resistentes, insectos como Spodoptera frugiperda y enfermedades como la roya asiática de la soja (Phakopsora pachyrhizi). La repetición de determinadas familias de productos está llevando al sistema hacia estrategias donde la rotación y la combinación de herramientas adquieren cada vez mayor importancia.

Mercado Presión principal Respuesta que gana importancia
Argentina Malezas resistentes y tolerantes Rotación y múltiples modos de acción
Brasil Malezas, insectos y enfermedades Programas integrados y diversificación
México Plagas, enfermedades y exigencias de residuos Integración de tecnologías y biológicos

 

México presenta una situación diferente. Su agricultura combina grandes superficies productivas con una fuerte participación de frutas y hortalizas destinadas a mercados internacionales, donde el control agronómico convive con exigencias de residuos y requisitos comerciales. El material analizado muestra además un creciente interés por registrar productos biológicos, impulsado, entre otros factores, por los programas de manejo de resistencia, la agricultura sustentable y las mayores exigencias de los mercados de exportación.

En Colombia y Perú, el desafío adquiere características propias por la importancia del café, la papa y los productos frescos, junto con ambientes donde lluvias, radiación ultravioleta y temperaturas elevadas pueden condicionar el desempeño de las aplicaciones. Esto significa que enfrentar una plaga o enfermedad ya no depende solamente de elegir un ingrediente activo: formulación, persistencia, momento de aplicación y adaptación a las condiciones ambientales pasan a formar parte de la eficacia real obtenida en el campo.

La aplicación de fitosanitarios sigue siendo una herramienta central para la producción, pero la resistencia obliga a rotar modos de acción y ajustar las estrategias de manejo.
La aplicación de fitosanitarios sigue siendo una herramienta central para la producción, pero la resistencia obliga a rotar modos de acción y ajustar las estrategias de manejo.

Para Chile, en cambio, el material analizado no aporta un caso de resistencia suficientemente específico como para atribuirle la misma situación documentada para Argentina o Brasil. Su inclusión dentro del escenario latinoamericano debe hacerse desde la evolución general de la protección de cultivos y los sistemas agrícolas intensivos, sin adjudicarle niveles o tipos de resistencia que la documentación disponible no permite demostrar.

De cambiar un producto a cambiar la estrategia

El cambio más profundo probablemente esté ocurriendo en la forma de enfrentar el problema. La resistencia no se resuelve simplemente sustituyendo un producto por otro. La tendencia que surge del análisis regional apunta hacia programas donde diferentes modos de acción, prácticas agronómicas, tratamientos de semillas, herramientas químicas y soluciones biológicas ocupan posiciones distintas dentro de una misma estrategia.

Los biológicos están ganando espacio especialmente en tratamientos de semillas, manejo de nematodos y programas preventivos contra plagas y enfermedades. Su crecimiento, sin embargo, no implica necesariamente la desaparición de la protección química. La información técnica disponible muestra un escenario mucho más complejo: determinadas situaciones de elevada presión pueden requerir herramientas de acción rápida, mientras otras tecnologías pueden utilizarse preventivamente o como parte de rotaciones destinadas a disminuir la presión de selección.

 

Estrategia Objetivo agronómico Impacto esperado
Rotar modos de acción Evitar presión repetida sobre un mismo mecanismo Retrasar selección de resistencia
Integrar químicos y biológicos Ampliar herramientas disponibles Diversificar programas de control
Manejo preventivo Intervenir antes de altas poblaciones Reducir presión sobre aplicaciones correctivas

 

Esta transformación también comienza a modificar el mercado latinoamericano de protección de cultivos. El valor de una tecnología ya no puede medirse exclusivamente por su precio por litro o kilogramo: pesan cada vez más la eficacia por hectárea, la consistencia del resultado, la posibilidad de integrarla con otras herramientas y su capacidad para sostener el control durante sucesivas campañas. La resistencia convierte así una cuestión biológica en una variable económica que puede afectar costos, productividad y decisiones de inversión.

Hay, además, una presión adicional: los productores que abastecen mercados internacionales deben contemplar límites de residuos, requisitos regulatorios y estándares de los países compradores. Esto conecta directamente la resistencia con el comercio agrícola. Una estrategia técnicamente eficaz puede no ser suficiente si compromete el acceso comercial de una fruta, una hortaliza u otro alimento destinado a mercados exigentes.

El mapa latinoamericano, por lo tanto, no muestra una única crisis ni una solución universal. Argentina enfrenta una fuerte presión de malezas; Brasil combina desafíos de malezas, insectos y enfermedades; México suma las exigencias de una agricultura exportadora; Colombia y Perú necesitan respuestas adaptadas a sistemas tropicales y andinos. Las condiciones cambian entre países e incluso entre regiones de un mismo país, pero el denominador común es cada vez más evidente: prolongar la vida útil de las tecnologías disponibles exige diversificar las decisiones.

La próxima etapa de la protección de cultivos en América Latina probablemente no estará definida por una molécula o una tecnología capaz de resolver todos los problemas. El cambio parece ir en la dirección contraria: más conocimiento agronómico, monitoreo, prevención, rotación e integración de herramientas. La resistencia está obligando al agro latinoamericano a pasar de controlar un problema cuando aparece a administrar el sistema para evitar que las soluciones disponibles pierdan eficacia demasiado rápido. Esa transición ya comenzó y está cambiando tanto el manejo dentro del lote como el mercado que se desarrolla alrededor de él.

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