Más de 110 proyectos buscan capital privado en América Latina. Rutas, puertos y corredores podrían redefinir los costos y la competitividad del agro.

Más de 110 proyectos de transporte por más de US$65.000 millones fueron presentados este martes 29 de septiembre en Miami ante inversores y empresas, durante el LAC Transport Forum 2026 impulsado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La cartera involucra iniciativas de 17 países que podrían avanzar hacia licitaciones durante los próximos 18 meses. Para el agro latinoamericano, el movimiento resulta estratégico: carreteras, puertos, ferrocarriles y corredores internacionales pueden reducir costos logísticos y mejorar el acceso de alimentos y commodities agrícolas a los mercados globales.
La magnitud del desafío explica la búsqueda de capital. De acuerdo con las cifras difundidas durante el encuentro, la brecha de inversión en transporte de América Latina y el Caribe ronda los US$630.000 millones. El BID busca acercar proyectos públicos al financiamiento privado y generar condiciones para acelerar su ejecución. El foro, que se desarrolla entre el 29 y 30 de septiembre, reúne autoridades, desarrolladores, instituciones financieras e inversores bajo una premisa: aumentar la capacidad institucional para transformar recursos disponibles en infraestructura sostenible, resiliente y con impacto económico.
Para las cadenas de valor agroalimentarias, el debate tiene una dimensión particular. América Latina posee una fuerte ventaja comparativa en granos, carnes, frutas, café, azúcar y otros alimentos, pero la competitividad no termina en el lote ni en la tranquera. La distancia entre las zonas productivas y los puertos, la calidad de las rutas, los tiempos fronterizos y la disponibilidad de alternativas ferroviarias afectan la logística de exportación y pueden ampliar la diferencia entre el valor FOB de una mercadería y el precio finalmente capturado dentro de la cadena.

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Del campo al puerto: la infraestructura entra en la ecuación agroexportadora
El impacto potencial trasciende la construcción de una ruta. Una conexión logística eficiente puede modificar el mapa productivo de una región, ampliar el radio económicamente viable de cultivos y producciones, facilitar inversiones en almacenamiento y procesamiento y acercar territorios mediterráneos a los mercados internacionales. La cartera presentada en Miami incluye carreteras, puertos, aeropuertos y otros sistemas de transporte. No todos están vinculados directamente al agro, pero las inversiones sobre corredores productivos pueden generar efectos sobre costos, tiempos y capacidad exportadora.
La integración regional aparece, en ese sentido, como otro factor central. Los corredores que conectan las costas del Atlántico y el Pacífico pueden ofrecer nuevas alternativas para las exportaciones sudamericanas hacia Asia y otros destinos. Para el agro, un corredor bioceánico no es solamente una obra vial: puede convertirse en una nueva puerta de salida al mercado mundial. Paraguay ofrece un ejemplo concreto: en febrero, el BID aprobó US$200 millones para financiar un tramo clave de su Corredor Bioceánico, con el objetivo declarado de mejorar la conectividad y ampliar el acceso a mercados.
Sin embargo, construir infraestructura física representa apenas una parte del desafío. Para transformar corredores en verdaderas plataformas de integración regional se necesitan pasos fronterizos eficientes, procedimientos aduaneros digitalizados, trazabilidad, normas compatibles y menores barreras no arancelarias. Un camión que gana horas en la ruta pero pierde tiempo en una frontera sigue trasladando ese costo a la cadena agroalimentaria. La infraestructura vial y portuaria debe avanzar, por lo tanto, junto con una mayor coordinación entre países para agilizar los flujos comerciales.

El desafío no es solo conseguir dólares: el BID pone el foco en las reglas
El capital privado también observa las condiciones bajo las cuales deberá invertir. Durante el encuentro, el presidente del BID, Ilan Goldfajn, planteó que permisos prolongados, procesos de contratación complejos y licitaciones poco claras pueden frenar proyectos aun cuando exista interés financiero. La previsibilidad regulatoria se transforma así en otro componente de la competitividad logística. Para obras que demandan grandes inversiones y plazos extensos de recuperación, las reglas de contratación, la transparencia y la capacidad institucional pueden pesar tanto como la disponibilidad de financiamiento.
La cuestión tiene consecuencias directas para los agronegocios. Una terminal portuaria, un ferrocarril de cargas o una carretera que conecta una zona productiva con un puerto requieren horizontes de inversión largos. Cuando aumentan las demoras, la incertidumbre o el costo financiero, también puede encarecerse la infraestructura utilizada para movilizar la producción. El BID plantea precisamente una mayor colaboración entre los sectores público y privado para acelerar proyectos y construir sistemas de transporte más sostenibles y resilientes, un aspecto que cobra relevancia adicional frente a la variabilidad climática.
La región enfrenta entonces una discusión que va mucho más allá del cemento. América Latina puede producir más, incorporar biotecnología, agricultura digital y valor agregado, pero necesita mover esa producción de manera competitiva. Puertos congestionados, rutas deficientes o pasos fronterizos lentos pueden erosionar las mejoras conseguidas dentro de los establecimientos. En un mercado mundial donde importadores comparan precios, confiabilidad, trazabilidad y huella de carbono, la eficiencia logística comienza a formar parte del paquete competitivo de cada tonelada exportada.
Los próximos 18 meses mostrarán cuánto de esta cartera consigue efectivamente transformarse en licitaciones, financiamiento y obras. Para el sector agropecuario será importante observar qué proyectos conectan regiones productivas, cuáles fortalecen infraestructura portuaria y cuáles pueden abrir nuevas rutas comerciales. El desafío regional ya no pasa únicamente por aumentar la producción: consiste en transformar la ventaja comparativa de América Latina en una ventaja logística capaz de sostener su papel dentro de la seguridad alimentaria y los mercados agrícolas globales.
