Un estudio internacional encontró una fuerte brecha de rendimiento en trigo y cebada y reveló cuánto pesan el ambiente y las condiciones de cada suelo.
Un estudio internacional difundido este 5 de octubre, con participación de investigadores argentinos, determinó que el ambiente puede tener mayor incidencia que el tipo de manejo sobre la biodiversidad del suelo y dejó un dato particularmente relevante para la producción local: en 20 establecimientos del sudeste bonaerense evaluados durante 2022, los rendimientos de trigo y cebada bajo manejo orgánico fueron, en promedio, 60% inferiores a los obtenidos bajo manejo convencional. El resultado importa porque pone en discusión las recetas generales y muestra que productividad, biodiversidad y sustentabilidad deben analizarse según las condiciones concretas de cada región.
La evidencia surge de SoilGuard, un proyecto coordinado por Leitat Technological Center, de España, que reunió a 25 instituciones de 17 países y recibió financiamiento del programa Horizon 2020 de la Unión Europea. La investigación estudió la interacción entre prácticas agrícolas, condiciones ambientales, biodiversidad y productividad entre 2021 y 2025. La Argentina aportó información de sistemas productivos del sudeste bonaerense mediante investigadores de Balcarce y del Conicet, y los resultados regionales terminaron integrados en tres trabajos científicos publicados en Nature Sustainability, Global Change Biology y One Earth.

El ambiente ganó protagonismo y el rendimiento mostró una fuerte diferencia
Uno de los análisis internacionales abarcó 179 lotes de ocho regiones del mundo y encontró que los paisajes agrícolas con al menos 50% de manejo orgánico mostraron un mejor equilibrio entre rendimiento, biodiversidad y multifuncionalidad del suelo. Pero la fotografía cambió al incorporar las características de cada ambiente. Otro trabajo, realizado sobre 160 sitios agrícolas distribuidos en cuatro continentes, determinó que temperatura, precipitaciones extremas, aridez, pH y textura del suelo explicaron una proporción mucho mayor de las diferencias en biodiversidad que el sistema de manejo aplicado. Así, la ubicación y las condiciones edafoclimáticas aparecen como variables decisivas.

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La participación argentina permitió contrastar esas conclusiones globales con lo que ocurre en una de las principales regiones agrícolas del país. Durante la primavera de 2022 fueron relevados 20 establecimientos del sudeste bonaerense: diez con manejo convencional y diez con manejo orgánico, todos con lotes destinados a trigo y cebada. Para seleccionarlos se tuvo en cuenta un gradiente de degradación relacionado con la erosión hídrica y el contenido de carbono orgánico. Según explicó Paula Barral al presentar los resultados, «el suelo responde al manejo, pero lo hace dentro de un ambiente determinado», una conclusión que obliga a mirar cada sistema productivo en su contexto.
En esos establecimientos bonaerenses no se detectó un efecto claro del tipo de manejo sobre la biodiversidad ni sobre la multifuncionalidad del suelo. Tampoco aparecieron diferencias significativas al evaluar servicios ecosistémicos vinculados con formación del suelo, regulación climática e hídrica, control de plagas y calidad del agua. La distancia más importante surgió, en cambio, al medir la producción: los rindes de trigo y cebada de los sistemas orgánicos resultaron 60% menores, en promedio, que los convencionales. La brecha fue considerablemente superior al 32% observado en el análisis global del proyecto para la reducción productiva asociada al manejo orgánico.
Los investigadores advierten, sin embargo, que esa diferencia de rendimiento no permite concluir por sí sola que un sistema sea superior a otro desde el punto de vista económico o ambiental. El volumen cosechado representa apenas una de las variables de la ecuación. Para evaluar integralmente un planteo también deben incorporarse costos de producción, utilización de insumos y beneficios ambientales que no necesariamente quedan reflejados en el precio final del grano. La evidencia recogida en Buenos Aires refuerza así una idea central del trabajo: trasladar automáticamente conclusiones obtenidas en otras regiones puede conducir a diagnósticos equivocados para las condiciones productivas argentinas.

Del cultivo de cobertura a las rotaciones: por qué no existe una receta única
El trabajo abre además un interrogante directamente relacionado con las decisiones que se toman dentro del lote: qué combinación de prácticas permite sostener los rindes sin deteriorar las funciones biológicas y físicas del suelo. Entre las herramientas mencionadas aparecen los cultivos de cobertura, las rotaciones, el manejo de residuos, la reducción de las pérdidas por erosión y un uso más eficiente de los insumos. Sin embargo, la investigación remarca que sus resultados deben evaluarse según clima, suelo y sistema productivo. Sebastián Muñoz, uno de los especialistas involucrados, planteó precisamente la necesidad de analizar conjuntamente productividad, biodiversidad, funcionamiento del suelo y resultado económico.
Debajo de un lote productivo conviven hongos, bacterias, protistas, nematodos, ácaros, lombrices y numerosos organismos que intervienen en la disponibilidad de nutrientes, la regulación del agua y del carbono y distintos mecanismos relacionados con la sanidad de los cultivos. SoilGuard buscó ampliar el conocimiento sobre esa comunidad y desarrolló además un marco para relacionar biodiversidad del suelo y bienestar humano. Para el agro argentino, el mensaje que dejan los resultados es concreto: manejar mejor no necesariamente significa aplicar una receta universal, sino comprender cómo responde cada ambiente y ajustar las prácticas a las características productivas de cada zona.

