El Paraná superó niveles de evacuación en Corrientes y Chaco. El INA advierte por más lluvias y crece la preocupación por el ganado en zonas ribereñas.

La crecida del río Paraná encendió las alarmas en el Litoral argentino este lunes 19 de octubre, cuando Corrientes y Barranqueras superaron sus niveles de evacuación. El fenómeno, alimentado por las intensas precipitaciones registradas en las cuencas de Brasil y Paraguay, ya obligó a 754 personas a abandonar sus viviendas en Corrientes, según el relevamiento de Defensa Civil. Pero la emergencia también golpea al campo: miles de animales permanecen en áreas inundables y el Instituto Nacional del Agua (INA) advierte que nuevas lluvias podrían prolongar la situación durante los próximos días.
El avance del agua encuentra a los productores ganaderos ante una situación especialmente delicada. El Paraná alcanzó los 7,07 metros en Corrientes y rondó los 7 metros en Barranqueras, mientras la creciente comenzó a trasladarse hacia localidades ubicadas río abajo. En campos bajos e islas, la pérdida de superficie disponible para pastoreo complica el manejo de la hacienda, el abastecimiento de forraje y los traslados. La emergencia sumó además un saldo trágico: dos trabajadores rurales murieron cerca de Bella Vista durante tareas vinculadas al retiro de ganado de una isla.

Nuevas lluvias y ganado en riesgo: los próximos días serán decisivos
El escenario podría agravarse por las precipitaciones previstas desde el jueves 22 de octubre sobre el Alto Paraná y la cuenca del Iguazú. De acuerdo con los pronósticos hidrológicos del INA, existe la posibilidad de una nueva onda de crecida en un plazo de 5 a 15 días. El meteorólogo Mauricio Saldivar también advirtió sobre la persistencia de condiciones favorables para nuevos repuntes. La preocupación se extiende hacia Goya, Reconquista y La Paz, donde el desplazamiento del caudal podría llevar al río a niveles de alerta o evacuación durante la última semana del mes.

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Para la ganadería regional, el problema no termina cuando el río deja de crecer. La permanencia del agua sobre los campos reduce la disponibilidad de pasturas, dificulta el acceso a los establecimientos y aumenta los costos de alimentación y traslado. Las estimaciones sectoriales difundidas durante la emergencia mencionan más de 700.000 cabezas potencialmente expuestas en Santa Fe y cerca de 200.000 animales en zonas insulares de Entre Ríos, cifras que requieren actualización. En este contexto, anticipar movimientos de hacienda y asegurar reservas forrajeras resulta fundamental, siempre bajo condiciones seguras.

Aunque el río Uruguay comenzó a mostrar señales de descenso en algunos puertos, el Paraná continúa siendo el principal foco de preocupación para el Litoral productivo. La evolución de las lluvias en Brasil, las descargas de las represas y el tiempo que demore el agua en desplazarse hacia el sur definirán la magnitud del impacto. Para los establecimientos ribereños, la prioridad es proteger al personal, evitar traslados riesgosos y seguir los avisos oficiales. Cada día adicional de anegamiento puede traducirse en mayores pérdidas productivas y dificultades para recuperar la actividad ganadera.
