El 15 de abril de 2026, en medio de la escalada del conflicto en Medio Oriente, los mercados emergentes mantuvieron su atractivo para los inversores globales, con América Latina destacándose como uno de los principales destinos de capital. La clave radica en que, pese a la volatilidad generada por la guerra en Irán y la suba del petróleo, el crecimiento de utilidades y la demanda de commodities sostienen el interés por la región, un factor central para el desempeño del comercio agrícola latinoamericano.