En la zona de Guatraché (La Pampa), hace una década se pensaba como imposible sumar al maíz al sistema productivo, dominado por el monocultivo de trigo. La incorporación de genética más tecnología permitió lograrlo, con rindes que garantizan una alta rentabilidad.

La frontera del maíz es cada vez más grande en Argentina y los desarrollos genéticos y tecnológicos que se siguen incorporando en el cereal no solo amplían esa extensión geográfica, sino que mejoran las condiciones productivas en regiones donde era impensado alcanzar buenos rindes.
Por ejemplo, en el corazón de la Pampa semiárida, el Establecimiento La Luna logró lo que hasta hace poco parecía imposible: integrar al maíz en la rotación de cultivos, obteniendo rindes con picos de hasta 8.500 kilogramos por hectárea (kg/ha) y transformándolo en una opción rentable y sustentable.
























Ganadería, una de las actividades productivas que realizan en la escuela de Río Cuarto