Mientras se prevé que la actual sequía, considerada como la peor en 60 años, continuará en Entre Ríos, tal como lo advirtió la semana pasada la Bolsa de Cereales de esa provincia, los productores entrerrianos ven morir a sus animales y perder cultivos, al tiempo que temen fuertes quebrantos si no llega la ayuda estatal.
Carlos Antonio Borré vive a unos 40 km al norte de la ciudad de Nogoyá. Es productor ganadero e integra la filial local de la Sociedad Rural. Hace más de 40 años trabaja en un campo lindero con el arroyo Don Cristóbal, zona donde la sequía produjo consecuencias catastróficas.
“Jamás vi que el arroyo estuviera seco de esta manera. Pese a que históricamente ha sido un curso de agua muy caudaloso y con vertientes, ahora tiene importantes tramos en donde se lo puede cruzar caminando. Los animales desesperados caen en busca de verde, porque en los campos prácticamente solo hay tierra, porque el calor y la seca han quemado todo el pasto, las vacas se introducen en lugares donde se ha formado pantano y mueren asfixiadas en cuestión de minutos. Una cosa es contarlo y otra muy distinta, verlo”, le dijo Borré al diario La Nación.

Agobio. Y agregó: “Este último tiempo encontré 17 vacas y un toro de mi propiedad muertos y algunos novillos de los vecinos también hundidos hasta el lomo, pero sobre todo vi vacas con cría, que son las más afectadas por esta situación. Hemos tenido que colocar kilómetros de alambre eléctrico para que los animales no entren al cauce del arroyo, se empantanen y mueran. La sequía viene golpeando desde hace tres años dejando desierta toda la superficie, sin nada de pasto. Las garúas que cayeron en la primavera, algunas de 8 o 10 milímetros, no significaron alivio alguno para la tierra, agobiada por la intensidad del sol, el gran calor y los fuertes vientos”, explicó Borré.
Por su parte, Juan Ferrari es productor agropecuario de la Colonia El Potrero, Departamento Gualeguaychú. Tiene 60 años, toda su vida trabajó en el campo. En su familia integra la tercera generación de productores. “La sequía ha sido devastadora. Hace tres años consecutivos que venimos perdiendo cosechas. En mi caso, parte de la cosecha de trigo 2022/2023, maíz del mismo período y la implantación de la soja, que ha sido muy irregular perdiendo también gran parte. Si a esto le sumamos el intenso calor de diciembre y la demora en las lluvias, el panorama es desolador”, le dijo Ferrari al mismo medio.
Tarde. Respecto de la declaración de emergencia agropecuaria, decretada en la provincia de Entre Ríos hace una semana, Ferrari, expresidente de la filial local de Federación Agraria (FAA), indicó: “La medida llega tarde, además de ser insuficiente a esta altura. Posponer el pago de impuestos durante seis meses es una parte insignificante dentro de todos los inconvenientes que tiene el productor, que viene arrastrando deudas, y con nuevos vencimientos de los compromisos en arriendo, insumos, gasoil, etcétera”.
“Al caer desfinanciado, con el certificado de emergencia no hay entidad bancaria que le brinde una herramienta crediticia, por lo que la declaración termina siendo un salvavidas de plomo. Se necesitan medidas integrales y un acompañamiento real por parte del Estado, porque esto que nos pasa a los que producimos en el campo va a golpear al conjunto de la economía, a todos los sectores del país”, indicó.
En tanto, Borré opinó que “la declaración de emergencia agropecuaria del año previo a la medida difundida durante la última semana fue un verdadero engorro administrativo. El gobierno demoró unos tres meses en dictarla, las entidades pedíamos audiencia y nunca nos recibían, después hubo una demora de otros tres meses para hacer una enormidad de papeles y luego demoraron unos cuatro meses más para adjudicar algún crédito: todo eso se acumuló en una demora de casi un año, para que le llegara algo de dinero a un puñado de productores, porque no todos accedieron”.
Sin agua. “Si esta sequía continúa durante otros 45 días, quedamos sin agua la gran mayoría de los productores de la zona, porque se están secando todos los cursos hídricos, podrán seguir los que tengan algún pozo semi surgente. Tenemos pozos que ya se han secado, porque cuando se prenden los equipos de riego con grandes bombas, la situación empeora para otros productores que sufren la sequía de sus pozos por la bajante de las napas”, añadió.
Además, Borre opinó que “lo de la emergencia agropecuaria no sirve, porque nos corre los impuestos inmobiliarios para el año que viene, que se nos juntan con nuevos vencimientos de uno de los impuestos inmobiliarios más caros del país y se nos amontonan con las deudas que venimos arrastrando, sin producción. Corren el problema para adelante, no aportan soluciones, y se nos agrava el tema”.
El productor explicó que aún no había calculado sus pérdidas: “Esto no ha terminado. No voy a tener producción anual de terneros por falta de preñez, sumado a la pérdida de vacas que ya vengo arrastrando, la situación es acuciante”, se lamentó Borré.
Y concluyó agregando: “Párrafo aparte es lo que están atravesando los tambos. No se ha podido hacer ninguna reserva de alimento de ninguna clase. Se está picando maíz directo para darle a los animales, entonces no se sabe cómo van a pasar el invierno los tambos, porque además es muy caro acceder al alimento balanceado. Necesitamos medidas urgentes, sin burocracia. Créditos blandos para poder invertir en pozos, para hacer aguadas porque si esto sigue así, en 45 días nos quedamos definitivamente sin agua”.



Un maíz sembrado de manera temprana en el centro-norte de Santa Fe, con claros síntomas de daño por sequía. (Bolsa de Comercio de Santa Fe)
El tema es que picar el cereal en tan malas condiciones conlleva altos costos: los rendimientos obtenidos rondan desde 5 a 7 m/bolsa/ha, con mínimos de 1 a 4 m/bolsa/ha, valores considerados como muy bajos por el sector productivo.


La conjunción de calor y temperatura es el principal factor que explica el estrés térmico que puede sufrir un animal. Así es como se determina el Índice de Temperatura y Humedad (ITH), que es un número utilizado para evaluar si las condiciones ambientales resultan estresantes para los animales.
Otra forma de disminuir la temperatura corporal es por evaporación. Cuando la temperatura dentro del galpón es muy elevada, las aves jadean para aumentar el flujo de aire sobre las membranas mucosas del tracto respiratorio, lo que conlleva un gasto de energía. Esto puede tener consecuencias graves si el jadeo se prolonga en el tiempo, porque altera el equilibrio ácido-base del organismo y puede ocasionar la muerte.
“La medición de temperatura debe realizarse a nivel de los animales, ya que esta puede variar con la altura. Además, es importante considerar que la temperatura dentro de las jaulas puede ser mucho más alta que la temperatura del aire medida en los pasillos”, explicaron.
“Utilice rociadores en el techo para refrescar el interior de los galpones. También puede colocar sobretechos y/o media sombra en los laterales. Maximice el enfriamiento de los galpones durante la noche para prolongar el período de temperatura moderada hasta la mañana siguiente y dar tiempo a los animales para recuperarse”, fueron algunas de las propuestas.

















Las pruebas se llevaron a cabo en las localidades cordobesas de Melo (19/20) y Almafuerte (20/21). La experimentación partió de la determinación poblacional inicial de las larvas en una muestra de hojas del cultivo y, luego, se llevaron a cabo los respectivos conteos al primer día de realizados los tratamientos, así como también a la semana y a los 14 días de ser tratados.
Por su parte, esta eficacia se correlacionó con el rendimiento, observándose un incremento en el rinde del orden del 13,5%, respecto al tratamiento testigo (no tratado con insecticida).

