Durante años quedó relegada por el avance agrícola. Hoy, frente al cambio climático y la necesidad de producir más carne a pasto, el falaris bulbosa reaparece como una alternativa capaz de transformar los números de la ganadería.
El falaris bulbosa, una gramínea que supo ser protagonista de los sistemas ganaderos argentinos durante las décadas de 1970 y 1980, vuelve a estar en el centro de la escena en 2025. La combinación de veranos cada vez más extremos, la búsqueda de recrías más eficientes y una nueva relación entre agricultura y ganadería está impulsando el interés por una especie capaz de producir más forraje cuando más se necesita: en pleno invierno.
Mientras muchos productores enfrentan el desafío de sostener ganancias de peso durante los meses fríos sin disparar los costos de suplementación, especialistas destacan que esta forrajera podría convertirse nuevamente en una herramienta estratégica para mejorar la rentabilidad de los planteos pastoriles.
Hubo un tiempo en que el falaris bulbosa era sinónimo de productividad. Su capacidad para generar grandes volúmenes de materia seca entre mayo y agosto la transformó en una de las gramíneas más valoradas de la región pampeana.
Sin embargo, la expansión de la agricultura, el avance de la soja y la reducción de las rotaciones ganaderas provocaron que muchas pasturas perennes perdieran terreno. A eso se sumaron sus elevados requerimientos de nitrógeno y algunas limitaciones para convivir con alfalfas de baja latencia, factores que terminaron reduciendo drásticamente su utilización.
El resultado fue contundente: la especie desapareció progresivamente de los planteos productivos y de la oferta comercial de numerosas empresas semilleras.
El cambio climático le abre una nueva oportunidad
Lo que hace dos décadas parecía una desventaja hoy puede convertirse en una fortaleza.
Los eventos climáticos extremos son cada vez más frecuentes en gran parte del país. Sequías prolongadas, olas de calor récord y fuertes oscilaciones térmicas obligan a buscar materiales forrajeros con mayor capacidad de adaptación.
Y allí aparece uno de los mayores atributos del falaris bulbosa: su capacidad para entrar en una especie de «modo ahorro» durante los veranos más severos.
Cuando el estrés térmico e hídrico se vuelve extremo, la planta reduce su crecimiento mediante un proceso conocido como latencia estival. De esta manera protege sus reservas y puede reiniciar rápidamente la producción cuando regresan las lluvias.
Además, presenta buena tolerancia a inundaciones temporarias, persistencia a largo plazo y adaptación a distintos ambientes productivos de la región pampeana.
Durante años, el principal fantasma asociado al falaris fue el llamado «tembleque del falaris», una enfermedad neurológica provocada por alcaloides presentes en antiguos materiales genéticos europeos.
Los síntomas incluían temblores, pérdida de coordinación y, en casos severos, la muerte de animales bovinos y ovinos.
Hoy la situación es muy diferente.
Los cultivares modernos desarrollados a partir de germoplasma del norte de África prácticamente eliminaron esos compuestos tóxicos y además incorporaron ventajas productivas significativas.
Estos materiales muestran mayor vigor inicial, rebrotes más rápidos después de períodos secos y una producción invernal superior a la de los materiales tradicionales.
Los ensayos realizados en Pergamino reflejan esa diferencia: 1.804 kilos de materia seca por hectárea frente a apenas 605 kilos registrados en materiales europeos durante el primer aprovechamiento.
La verdadera ventaja económica del falaris aparece cuando se analiza su comportamiento durante la época más difícil para la ganadería.
Mientras muchas especies reducen drásticamente su crecimiento, los cultivares modernos pueden producir entre 10 y 20 kilos de materia seca por hectárea por día, niveles que compiten incluso con algunos verdeos invernales.
Traducido al negocio ganadero, significa más oferta de alimento cuando el pasto escasea, menores necesidades de suplementación y mejores posibilidades de sostener ganancias de peso en recrías y engordes pastoriles.
Para una ganadería que busca producir animales más pesados destinados a exportación, este diferencial puede representar una mejora directa sobre los márgenes productivos.
Más forraje, más resiliencia y una nueva oportunidad para la ganadería
El regreso del falaris bulbosa no responde a una moda ni a una simple nostalgia técnica. Es la consecuencia de un nuevo escenario productivo donde la eficiencia, la adaptación climática y la rentabilidad vuelven a poner en valor herramientas que parecían olvidadas.

Brasinoesteroides impulsan la productividad y redefinen el negocio agrícola
Con genética mejorada, alta producción invernal y capacidad para soportar condiciones extremas, esta gramínea vuelve a posicionarse como una de las alternativas más prometedoras para los sistemas ganaderos de la región pampeana.
En tiempos donde cada kilo producido cuenta, una pastura casi olvidada podría convertirse nuevamente en una de las grandes protagonistas del campo argentino.

