Mientras gran parte del agro busca producir más con menos impacto ambiental, un establecimiento de Corrientes consiguió una certificación internacional inédita que podría cambiar el futuro económico de la ganadería argentina.
Un establecimiento ganadero del norte de Corrientes consiguió, tras seis años de trabajo junto a técnicos del INTA, registrar un proyecto de captura de carbono bajo el estándar internacional Verra, uno de los más exigentes del planeta. El caso se convirtió en el primer registro estandarizado sobre pastizales naturales de la Argentina y demuestra que la producción ganadera puede generar ingresos adicionales mientras mejora la salud del suelo y contribuye a combatir el cambio climático.
Lo que ocurrió en Rincón de Corrientes no es un dato menor. Actualmente existen apenas unos pocos proyectos similares registrados en América y muy pocos lograron superar las exigentes auditorías requeridas para certificar créditos de carbono. Por eso, el caso ya despierta interés entre productores, técnicos e inversores que observan una oportunidad emergente dentro de los agronegocios sustentables.

Durante años, la captura de carbono fue vista como un concepto asociado a grandes debates ambientales. Sin embargo, hoy comienza a convertirse en una herramienta con impacto directo sobre la rentabilidad de los establecimientos agropecuarios.
El proyecto desarrollado en Corrientes logró demostrar que determinadas prácticas de manejo pueden incrementar el carbono almacenado en el suelo, una condición indispensable para acceder a mercados voluntarios de carbono.
La transformación comenzó con la implementación de un esquema de manejo holístico del pastoreo, una estrategia que reorganiza la utilización de los recursos forrajeros mediante subdivisiones de potreros, ajustes permanentes de carga animal y períodos de descanso adaptados a las condiciones ambientales.
Los resultados sorprendieron incluso a los especialistas: las mediciones realizadas detectaron incrementos significativos en el carbono orgánico total del suelo, considerado uno de los principales indicadores de fertilidad y productividad.
El dato que entusiasma a productores y especialistas
La experiencia cobra aún más valor por el lugar donde fue desarrollada.

Brasinoesteroides impulsan la productividad y redefinen el negocio agrícola
El norte correntino presenta suelos arenosos, de baja fertilidad natural y altamente vulnerables a los procesos de degradación cuando el manejo no es adecuado.
En ese contexto, no solo aumentó el carbono almacenado en el suelo. También se observaron mejoras en los niveles de fósforo disponible, un nutriente esencial para el crecimiento vegetal y la productividad de los pastizales.
Para los especialistas del INTA, estos cambios reflejan una recuperación integral del funcionamiento del ecosistema productivo.
«Desde el punto de vista agronómico, se trata de una señal relevante», explicó Ditmar Kurtz, investigador del grupo de Recursos Naturales del INTA Corrientes. Según detalló, mayores niveles de carbono permiten mejorar la estructura del suelo, aumentar la retención de agua y fortalecer la resiliencia frente a eventos climáticos extremos.

El verdadero salto llegó cuando la empresa decidió avanzar hacia la certificación internacional.
Después de años de monitoreos, mediciones y auditorías independientes, el proyecto obtuvo el registro bajo Verra, una de las organizaciones de referencia mundial en certificación de proyectos ambientales.
Alcanzar ese objetivo no resulta sencillo.
Las empresas deben demostrar que las capturas de carbono son reales, medibles y adicionales; presentar metodologías científicas validadas; generar series históricas de información y someterse a controles externos permanentes.
Según explicó Santiago Angelillo, gerente de Rincón de Corrientes, actualmente existen apenas entre tres y cuatro proyectos de carbono en pastizales registrados bajo Verra en América y solo algunos involucran experiencias argentinas.
La escasez de antecedentes convierte a esta iniciativa en un caso estratégico para el desarrollo futuro de los mercados de carbono en la región.
Más allá de la certificación, la experiencia deja un mensaje que resuena cada vez con más fuerza en el sector agropecuario: producir más y cuidar mejor los recursos naturales ya no son objetivos contrapuestos.
La mejora de los suelos, la captura de carbono, la adaptación al cambio climático y la generación de nuevas fuentes de ingresos aparecen hoy como variables cada vez más relevantes para la competitividad de las empresas agropecuarias.
Por eso, lo ocurrido en Corrientes trasciende a un solo establecimiento. Representa una prueba concreta de que la ganadería regenerativa puede transformarse en una oportunidad económica real para el campo argentino.
Y mientras el mundo demanda alimentos producidos con menor huella ambiental, experiencias como esta podrían marcar el camino de una nueva generación de negocios rurales donde la sustentabilidad también se convierte en rentabilidad.

