Sebo bovino: Argentina multiplicó por 20 sus exportaciones, pero EE.UU. cambió las reglas

El país llegó al cuarto puesto mundial con ventas por US$125 millones. Ahora, el mercado que impulsó el salto dejó al producto argentino fuera del crédito 45Z.

Argentina convirtió en una década un subproducto de la faena bovina en un negocio exportador de US$125,2 millones, pero el mercado que explicó buena parte del salto acaba de modificar las reglas. En 2025 el país exportó 154.808 toneladas de sebo bovino, contra apenas 6.819 toneladas en 2015, y escaló del puesto 15 al cuarto lugar entre los proveedores mundiales. Desde 2026, sin embargo, Estados Unidos restringió el acceso al crédito fiscal 45Z a combustibles elaborados con materias primas originadas en Estados Unidos, México o Canadá.

Ahí está el dato que cambia la lectura del boom. El crecimiento argentino no surgió de una expansión equivalente de la ganadería: según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), mientras el volumen faenado aumentó alrededor de 25% en un período de casi quince años, las exportaciones de sebo avanzaron 4.480%. Lo que cambió fue el valor que el mercado internacional comenzó a asignarle a esa grasa animal, impulsado especialmente por la expansión de los combustibles renovables estadounidenses.

Sebo bovino: Argentina multiplicó por 20 sus exportaciones, pero EE.UU. cambió las reglas

De residuo frigorífico a insumo energético

El sebo surge del procesamiento del tejido graso generado durante la faena. Durante décadas encontró demanda principalmente en jabonería, cosmética, oleoquímica y alimentación animal. La aparición del diésel renovable modificó esa ecuación porque convirtió a las grasas animales en materia prima para una industria energética de gran escala.

Estados Unidos fue el motor. De acuerdo con los datos de la Energy Information Administration relevados por la BCR, la producción estadounidense de diésel renovable pasó de unos 7,2 millones de barriles anuales a fines de 2018 a 69,4 millones en 2025. Paralelamente, el consumo de grasa bovina destinado a biocombustibles saltó desde unas 75.000 toneladas mensuales en 2021 hasta un máximo cercano a 450.000 toneladas hacia fines de 2025.

No se trata solamente de disponibilidad. El sebo tiene una característica decisiva para ese mercado: su intensidad de carbono puede resultar menor que la de aceites vegetales vírgenes bajo las metodologías utilizadas para evaluar combustibles renovables. Además, el diésel renovable obtenido mediante hidrotratamiento es químicamente equivalente al diésel fósil y puede utilizarse sin los límites de mezcla habituales del biodiésel.

El resultado fue una transformación del comercio mundial. Estados Unidos pasó a absorber más de la mitad de las importaciones globales de sebo en 2025 y, al mismo tiempo, cayó del segundo al sexto puesto entre los exportadores porque comenzó a consumir internamente una porción mayor de su propia producción. Ese desplazamiento abrió espacio a los proveedores del hemisferio sur.

El nuevo mapa mundial del sebo bovino

Indicador Argentina Comparación
Exportaciones 2015 6.819 t Puesto 15 mundial
Exportaciones 2025 154.808 t Puesto 4 mundial
Valor exportado 2025 US$125,2 millones 7,8% del comercio mundial
Brasil 2025 402.000 t Puesto 2 mundial
 Fuente: BCR

Brasil aprovechó todavía más esa transformación. En 2015 estaba en el puesto 31 del ranking y exportaba menos de 1.000 toneladas. Diez años después llegó a 402.000 toneladas, prácticamente el volumen de Australia, líder mundial. Argentina alcanzó el cuarto puesto con el 7,8% del mercado, detrás de Australia, Brasil y Canadá.

Estados Unidos impulsó el negocio y ahora cambió el incentivo

La dependencia argentina de ese mercado creció rápidamente. Entre 2018 y 2022, Países Bajos y Brasil eran los principales destinos. En el promedio 2023-2026 -con este último año todavía en curso- Estados Unidos pasó a representar cerca del 60% de los embarques argentinos, mientras Uruguay concentró aproximadamente una cuarta parte.

Pero desde este año apareció una barrera que obliga a mirar el récord de 2025 con cautela. La normativa estadounidense del crédito Clean Fuel Production Credit, conocido como 45Z, establece para los combustibles producidos después del 31 de diciembre de 2025 que la materia prima debe haber sido producida o cultivada en Estados Unidos, México o Canadá para acceder al beneficio. El sebo originado en Argentina queda, por lo tanto, fuera de esa elegibilidad. El IRS ratificó ese criterio en las regulaciones propuestas difundidas en febrero.

El efecto ya aparece en los embarques. Según la BCR, durante los primeros siete meses de 2026 las ventas argentinas de sebo hacia Estados Unidos bajaron 4% interanual. No representa por ahora un derrumbe del mercado, pero sí rompe la trayectoria expansiva que llevó al producto a escalar posiciones durante la última década.

La paradoja es que Estados Unidos todavía necesita materia prima importada. Su capacidad industrial de combustibles renovables creció con fuerza: al comenzar 2025 tenía 19 plantas de diésel renovable y otros biocombustibles, con una capacidad conjunta estimada en 4.719 millones de galones anuales, según la EIA.

La nueva regulación, por eso, no significa que Estados Unidos haya prohibido importar sebo argentino. Lo que cambia es el tratamiento fiscal del combustible producido con esa materia prima. Esa diferencia es central: el producto puede seguir entrando al mercado estadounidense, pero compite bajo condiciones económicas distintas frente a insumos norteamericanos, mexicanos o canadienses elegibles para el 45Z.

Argentina exporta la grasa mientras su biodiésel sigue atado a la soja

Hay otro dato que distingue al negocio argentino. La industria doméstica de biodiésel utiliza principalmente aceite de soja y no grasas animales, por lo que el sebo generado por la faena queda disponible para exportación o para los destinos industriales tradicionales. Esa estructura permitió aprovechar rápidamente el aumento de la demanda externa, pero también dejó al crecimiento del sector particularmente expuesto a las reglas de otros países.

El negocio que llevó a la Argentina del puesto 15 al cuarto lugar mundial entra así en una segunda etapa. El récord de 2025 mostró hasta dónde podía llegar la valorización internacional de un subproducto frigorífico. El dato a seguir ahora será cuánto de ese mercado puede conservarse sin la ventaja indirecta que proporcionaba el esquema estadounidense.

La primera señal ya está disponible: Estados Unidos continúa comprando, pero los embarques argentinos retrocedieron 4% en los primeros siete meses de 2026. Después de una década en la que las exportaciones se multiplicaron por más de 20, el desafío dejó de ser encontrar demanda. Ahora es comprobar cuánto está dispuesto a pagar ese mercado cuando el incentivo fiscal favorece a la materia prima norteamericana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *