Un plazo de 60 días fue el que le puso el presidente, Mauricio Macri, a Bioceres y a los actores de la cadena triguera para que se pongan de acuerdo sobre la conveniencia de aprobar o no la tecnología HB4 en trigo, que le conferiría al cereal tolerancia a condiciones de estrés hídrico.
El mandatario se reunió con el CEO de Bioceres, Federico Trucco. Pero el dato sobresaliente es que del encuentro participó también uno de los fundadores de la compañía y hombre fuerte del agro argentino, Gustavo Grobocopatel, en lo que constituye una muestra del fuerte interés de la empresa porque se apruebe la comercialización de semillas con este evento biotecnológico incorporado.
El meeting, de todos modos, tuvo varios integrantes: además de Macri, por el Gobierno estuvieron el secretario de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere; el secretario de Agricultura, Guillermo Bernaudo; y el jefe de Gabinete del sector, Santiago del Solar. También estuvo el asesor presidencial y ex ministro de Producción, Francisco Cabrera.
Del otro lado, formaron parte autoridades de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA), la Federación Argentina de la Industria Molinera (Faim), el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), y la Federación de Acopiadores.
Panorama
El problema es que en el mundo no existen ni están aprobados los trigos genéticamente modificados y el riesgo de “liberar” esta tecnología es que algún mercado pueda recibir una semilla de este tipo y rechazar todo un embarque, y hasta poner en riesgo una relación comercial.
Precisamente, ese es el reparo que han manifestado de manera privada los integrantes de la cadena triguera y que motivó que el secretario de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere; y su jefe de Gabinete, Santiago del Solar; manifestaran públicamente su rechazo a aprobar el trigo con el gen HB4, extraído del girasol. Pero en el mismo Gobierno hay una grieta, porque el secretario de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, se mostró a favor de liberarlo.