En la actualidad, los sistemas ganaderos vigentes en el país apuntan a producir de forma más eficiente y con mejores índices productivos y reproductivos. En promedio, a nivel nacional, un 63 % de las vacas desteta un ternero por año.
Es un momento de gran expectativa para la ganadería argentina, y las estrategias para aprovechar esta situación pasan por aumentar el destete de terneros, con la tecnología disponible. En este sentido, si se aumenta del 63 al 68% el destete se podrá más que duplicar la exportación de carne, sin afectar el consumo interno.
Estos bajos índices son en gran medida determinados por una elevada edad al primer entore de las vaquillonas (se entora con más de 2-3 años de edad) y largos intervalos desde el parto hasta la preñez en vacas (más de 120 días en vacas de primera cría).
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Con un plan de financiamiento por US$25 millones para que se pueda agregar más kilos en la producción de carne, el país podría tener un ingreso extra de divisas de US$66 millones por mes en materia de ventas cárnicas al exterior.














El retraso en la castración influye negativamente sobre la GDP (ganancia diaria de peso) y sobre la susceptibilidad de los terneros a sufrir infecciones respiratorias.
En las últimas décadas el INTA desarrolló actividades de investigación y transferencia de tecnología, cuyos objetivos principales incluyeron la aplicación de un conjunto de tecnologías para incrementar la producción de terneros en los sistemas de cría. Sin embargo, la competencia de otros sectores sobre la ganadería, el incremento del valor de la tierra y de los costos unitarios de producción se fue incrementando. Este contexto pone de manifiesto la necesidad de ajustar una de las principales estrategias de intervención, como lo es la nutrición animal. Para ello, mejorar la eficiencia en la utilización del alimento, constituye el puntapié principal para incrementar o mantener los niveles de producción, reducir los costos y disminuir la producción de gases de efecto invernadero.




La gran novedad del Foro de Genética Bovina, que tuvo lugar ayer en la Exposición Rural, fue la presentación de un nuevo indicador para incluir en los programas de evaluación genética. Se trata del llamado consumo residual (RFI, por sus siglas en inglés), que en otras partes del mundo ya tiene efectos concretos en la producción de carne pero que acá aun no se tiene demasiado en cuenta.