Gasoil y costos: el campo enfrenta una nueva presión en plena campaña argentina

El petróleo empuja los combustibles y enciende alertas en el agro: el mayor costo logístico llega con exportaciones en niveles récord.

La suba internacional de la energía volvió a poner al gasoil en el centro de la ecuación del agro argentino durante septiembre, en momentos en que el Gobierno monitorea el impacto del petróleo sobre los combustibles y la actividad económica. Para productores, contratistas y transportistas no es un dato menor: el combustible atraviesa las labores agrícolas y la logística, y cualquier movimiento sostenido puede terminar afectando el costo de llevar soja, maíz y trigo desde el lote hasta los puertos.

El movimiento llega, además, en un momento excepcional para el frente exportador. Entre enero y agosto de 2026 la Argentina exportó un récord de 84,26 millones de toneladas de productos agroindustriales por USD 37.525 millones, según datos oficiales elaborados sobre estadísticas del INDEC. El volumen aumentó 10% interanual y el valor generado creció 13%. El desafío aparece justamente ahí: sostener el salto exportador mientras energía, transporte y otros costos internos vuelven a presionar la competitividad.

El gasoil atraviesa toda la estructura de costos agrícolas, desde las labores y la cosecha hasta el transporte de los granos hacia los puertos.
El gasoil atraviesa toda la estructura de costos agrícolas, desde las labores y la cosecha hasta el transporte de los granos hacia los puertos.

Del surtidor al puerto: cuánto puede pesar el gasoil en la cuenta del productor

El combustible impacta sobre el negocio agrícola por distintos caminos. Primero aparece en tractores, cosechadoras, pulverizadoras y otras labores; después alcanza a contratistas y servicios y, finalmente, se traslada a los camiones. En un país donde millones de toneladas de granos recorren cientos de kilómetros antes de llegar a las terminales, el costo logístico termina formando parte del precio que recibe el productor. Cuanto mayor es la distancia respecto de los puertos, mayor puede ser la exposición frente a un aumento persistente.

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El deterioro ya puede observarse al medir el transporte en kilos de producto. CONINAGRO calculó que en junio hacían falta 227 kilos de maíz para pagar el flete de una tonelada a 300 kilómetros, 12% más que un año atrás. Meses antes, en febrero, la misma relación era de 204,3 kilos frente a 191 kilos de febrero de 2025. El indicador resulta especialmente gráfico porque muestra que el problema no depende únicamente de cuánto aumenta nominalmente un camión: también importa cuánto grano necesita vender el productor para pagarlo.

La presión también apareció en las referencias del transporte. CATAC actualizó durante 2026 un 14% la tarifa de referencia para cereales, oleaginosas y subproductos, al señalar específicamente los incrementos de los combustibles de febrero y marzo como fundamento de la decisión. El dato funciona como antecedente de lo que puede ocurrir cuando un salto energético deja de ser transitorio: el aumento del surtidor empieza a recorrer la cadena hasta convertirse en un nuevo costo para sacar la producción del interior.

El combustible vuelve a ganar protagonismo en la estructura de costos del agro: impacta en maquinaria, contratistas, servicios y transporte.
El combustible vuelve a ganar protagonismo en la estructura de costos del agro: impacta en maquinaria, contratistas, servicios y transporte.

Una simulación de AgroLatam permite dimensionar el riesgo sin confundirlo con una proyección de tarifas. Si, a modo de escenario, una suba del gasoil terminara trasladando al costo del flete un impacto equivalente al 35% de esa variación, un combustible 5% más caro presionaría aproximadamente 1,75% al transporte; con +10%, el efecto sería 3,5%; y con +15%, llegaría a 5,25%. El ejercicio mantiene constantes salarios, neumáticos, peajes, mantenimiento, impuestos y el resto de los componentes del viaje.

Llevado al lote, el efecto se multiplica por las toneladas producidas. Con una soja de 3 toneladas por hectárea y un maíz de 8 toneladas, un mismo aumento del costo por tonelada golpea mucho más en términos absolutos al cereal por hectárea transportada. Por eso no corresponde afirmar que una suba del 10% del gasoil encarece automáticamente 10% el costo agrícola: la incidencia final dependerá del rinde, la distancia al destino, la tarifa contratada y del peso real del combustible dentro de cada estructura logística.

La cuenta del productor tampoco termina en el camión. Gasoil, dólar, tasas, fletes, precios internacionales y retenciones forman parte de una misma ecuación de margen. Una suba energética puede absorberse mejor con buenos rindes, valores firmes de los granos y una relación cambiaria favorable. El problema aparece cuando los costos internos avanzan más rápido que el precio recibido. Allí, una variación aparentemente pequeña en el surtidor puede transformarse en varios dólares por tonelada al multiplicarse por toda la cosecha y las distancias recorridas.

La logística es uno de los grandes desafíos de la competitividad agroexportadora argentina: millones de toneladas de soja, maíz y trigo deben recorrer rutas y accesos antes de llegar a las terminales portuarias.
La logística es uno de los grandes desafíos de la competitividad agroexportadora argentina: millones de toneladas de soja, maíz y trigo deben recorrer rutas y accesos antes de llegar a las terminales portuarias.

Récord exportador, economías regionales y el desafío de no perder competitividad

La paradoja argentina es que esta presión aparece cuando el agro está colocando volúmenes históricos en el exterior. Las Declaraciones Juradas de Venta al Exterior alcanzaron 13,1 millones de toneladas durante agosto, récord para ese mes desde la implementación del régimen y 121% por encima de agosto de 2025. Además, el volumen superó 85% el promedio de los últimos cinco años. El dato muestra la magnitud de la actividad comercial que deberá movilizarse internamente antes de cruzar las fronteras o embarcarse desde los puertos.

La situación resulta particularmente sensible para las economías regionales. Entre enero y julio de 2026 alcanzaron USD 5.757 millones y 4,38 millones de toneladas exportadas, el registro más alto de los últimos 22 años. El valor creció 12% interanual y el volumen 6,5%, con un precio promedio de USD 1.315 por tonelada. Son cadenas con alto valor agregado, pero muchas están alejadas de los principales centros de consumo y exportación y requieren frío, almacenamiento y numerosos movimientos logísticos.

El flete es una de las variables que más condiciona al productor alejado de los puertos. Una suba sostenida del gasoil termina trasladándose, en distinta proporción, al costo de mover cada tonelada de granos.
El flete es una de las variables que más condiciona al productor alejado de los puertos. Una suba sostenida del gasoil termina trasladándose, en distinta proporción, al costo de mover cada tonelada de granos.

El récord agroindustrial también amplía la dimensión del desafío. Argentina llegó con sus productos a 135 mercados internacionales y 126 productos alcanzaron sus mayores montos exportados de la década. Entre los principales destinos aparecen India, China, Vietnam, Brasil y Estados Unidos. Carne bovina, aceite y grano de girasol, miel, limón y otros complejos mostraron fuertes incrementos. Es una oportunidad comercial enorme, pero obliga a mirar tranqueras afuera: producir más no alcanza si transportar cada tonelada resta competitividad frente a Brasil, Paraguay o Uruguay.

El semáforo del productor para los próximos meses tendrá varias luces encendidas al mismo tiempo: gasoil, dólar, tasas, fletes, commodities y retenciones. El movimiento actual del combustible no determina por sí solo el resultado de una campaña, pero vuelve a exponer una debilidad estructural argentina. Mientras el agro bate récords de exportación, cada peso adicional necesario para recorrer los kilómetros entre el lote y el puerto plantea la misma pregunta: cuánto del esfuerzo productivo termina quedándose en el camino.

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